El Mundo de Miricio Man

viernes, noviembre 23, 2007

100 palabras: FUTURE LINE

Esperando el metro, un discreto cartel llamó mi atención. “FUTURE LINE. HOY COMIENZA LA MARCHA BLANCA DEL NUEVO SERVICIO DE METRO”. Me giré, para seguir leyendo lo que seguía. “SÉ EL PRIMERO EN LLEGAR A TU LUGAR DE TRABAJO. TAN SÓLO ESPERA QUE TODOS SE HAYAN IDO, Y LUEGO SÚBETE AL CARRO QUE DICE FUTURE LINE, Y LLEGARÁS ANTES QUE TODOS”. Yo era joven y soltero… e iba atrasado. Así es que esperé ese carro. Al llegar a mi destino descendí del carro, pero… con un matrimonio fracasado, padre de tres hijos y 20 años más viejo. ¡Malditas marchas blancas!

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jueves, noviembre 22, 2007

100 palabras: ASALTO

¡Alto ahí! No se mueva, porque le puedo hacer daño. Soy peligroso y tengo malos antecedentes. ¿No me cree? Escuche: mi padre nunca me dio una palabra de cariño; mi madre nunca me hizo sentir feliz; nunca les dije que los necesitaba; cuando les pedí algo, siempre me lo dieron para que los dejara tranquilos; cuando salía a la calle, y volvía a la noche, nunca me preguntaron dónde había estado y con quién; cuando caí en la cárcel, no me preguntaron cómo me sentía.
Por eso le exijo que me entregue todo el amor que tenga… porque lo necesito.

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miércoles, noviembre 21, 2007

100 palabras: COMPAÑÍA

Fue al mediodía, cuando caminaba por el centro de la ciudad, buscando algún lugar para comer. Apareció a mi lado, caminando en silencio. Pienso que lo hizo, porque yo necesitaba hablar con alguien. Contarle a alguien, que hoy una persona pronunció aquella hermosa palabra: “Gracias”.Fue algo extraño. No recuerdo la última vez que alguien me dio las gracias por mi trabajo. Es más, me parece que jamás me lo habían dicho. Eso es lo que necesitaba contar a alguien. Él me acompañó y me escuchó en silencio. Luego emprendió su vuelo y yo continué caminando solo, rodeado de transeúntes.

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martes, noviembre 20, 2007

100 palabras: RECADO

To: <paleteado@chilito.cl>
Subject: Me puedes hacer un favor?

¿Puedes pasar por casa de mis padres y contarles que he llegado bien a mi destino? Para que estén tranquilos.Cuéntales que llegué bien y que no voy a volver con ellos. Acá tengo todo lo que necesito. Este lugar es divino. No hace frío ni calor. Tampoco paso hambre. Es muy acogedor.Diles que estábamos equivocados sobre este lugar. Es fascinante estar aquí y espero verlos por acá algún día.Finalmente, diles que, aunque no recibirán noticias mías, estaré muy bien. Que, después de todo, no es tan malo estar muerto.

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lunes, noviembre 19, 2007

100 palabras: LA DEUDA

Un día por la mañana, salí de mi ruka, y encaminé mis pasos hacia el prometedor futuro. Encontré una ciudad de aspecto bonito, pero la tierra estaba endurecida en caminos de piedra lisa. Más allá, había casas enormes y altas, también de piedra lisa. Vi colores que no había encontrado nunca en la flora de mi tierra. Consideré que todo aquello era bueno y pensé que sólo podría haber sido hecho por gente buena. Volví a contarle a mi gente lo que había descubierto, pero… mi ruka ya no estaba. Y había olvidado mi nombre y el de mis antepasados.

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viernes, noviembre 16, 2007

100 palabras: ESTA HISTORIA

Te quiero contar una historia, pero no cualquier historia. Se trata de la historia de la persona que hoy, como todos los días, despertó sobre su cama de siempre, en su casa de siempre. Que no alcanzó a tomar su desayuno, como siempre. Y que salió corriendo desde su casa. Que bajó las escaleras del metro y, mientras esperaba el siguiente carro, tomó este libro, y se encuentra leyendo esta historia, que habla sobre ti.Y ¿cómo saber si estas hablando de la misma historia? Es fácil, porque es la historia de la persona que sonrió al leer esta historia.

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jueves, noviembre 15, 2007

100 palabras: METROPOLITANO

Vivo en el centro del país. En esta capital que es el ejemplo de la modernidad y la civilidad de mi país. Porque, alrededor de este grandioso lugar que Dios escogió para mi, sólo hay provincias y provincianos; sólo hay flora y fauna.
Es un privilegio vivir en la capital, y estoy agradecido de Dios, por haberme puesto aquí. Todo se ve distinto desde este lugar. Es posible contemplar el país y el mundo, desde este observatorio privilegiado.
Un día, tomé mi mochila y salí a recorrer el país. Y descubrí miles de cosas, imposibles de contar en cien palabras.

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miércoles, noviembre 14, 2007

100 palabras: DISFRACES

Tal vez, me hubiera sido imposible estar tan cerca de ellos anoche, pero ahora los veo claramente. Observo emocionado y asombrado, mientras camino por la calle de la mano de mi madre. A nuestro lado, camina la mujer barbuda, mientras frente a nosotros, se acerca el hombre de goma. Acabamos de pasar por el lado de los payasos, que estaban riendo en la esquina, y me pareció ver al domador de leones, vendiendo legumbres en la tienda de la esquina. Anoche en el circo, un señor no me dejó verlos, pero ahora sí los veo. Aunque vayan disfrazados de transeúntes.

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martes, noviembre 13, 2007

100 palabras: GRAN CAPITAL

Compro Apoquindo. Quiero un hotel en Providencia. “Váyase directamente a la Cárcel”. Hipoteco Aeropuerto Pudahuel. “Avance hasta la Partida”. Remato Estación Central. ”Ganó en la Lotería. Cobre $2.000”. Has caído en Bellavista: ¡Dame todo lo que tienes! “Impuesto de Cesantía. Pague al Banco $50.”. Ahumada es mía, así es que no pago.Ya están todos quebrados. Yo gané.Doblamos el tablero y lo guardamos en su caja, junto a los dados, las fichas y el resto de las cosas. Luego nos acostamos para dormir, muy apegados sobre la vereda, y nos tapamos con cartones… porque será una noche muy fría.

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lunes, noviembre 12, 2007

100 palabras: TESORO

Doy un paso, dos y tres. Giro a la izquierda del banco de la plaza y sigo. Veinte, veintiún pasos en línea recta. Me dijo que estaría con un vestido damasco y una rosa rosada en el pelo. Cuarenta y uno, cuarenta y dos. Doblo a la derecha en el álamo. Cincuenta y cuatro, cincuenta y cinco. No me dijo si era alta o baja. Sesenta y ocho, sesenta y nueve. ¿Será rubia o morena? Setenta y ocho. Voy llegando. Ochenta y tres. ¿Me gustará? Ochenta y ocho. ¿Le gustaré? Noventa y tres. ¡La vi! Noventa y nueve y cien.

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viernes, noviembre 09, 2007

100 palabras: COMO TODOS LOS DÍAS

Como todos los días, voy en el metro camino a mi casa. Todos en silencio y evitando mirarse a los ojos. Alguien le cuenta a otro, una anécdota del día. Todos la oímos. Ellos se ríen. Y nosotros nos reímos. Todos reímos.
Como siempre, otro cuenta otra anécdota. Y siguen las risas. Alguien saca su guitarra. Y todos cantamos.
Luego, paramos de cantar. Un descanso silencioso.
Entonces, otra anécdota. Y nos reímos. Y volvemos a cantar.
Y como siempre, llega Estación San Pablo. Todos descendemos en silencio, evitando mirarnos a los ojos, caminando a nuestras casas… como todos los días.

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jueves, marzo 15, 2007

OBNUBILAR

Por fin, solo otra vez en la sala. Estoy comenzando a pensar que van a lograr su propósito. Pero aún sigo en pie. Todavía no han logrado doblegar mi concentración. Aún recuerdo la misión que me han encomendado: antes de las doce de la noche, debo ir a la casa de Laura Jemmings, y hacerme pasar por un amigo de la juventud, y contarle que la encomienda va a llegar el día viernes 13, a las 8:45 hrs., al Rodoviario, en Buses Muñoz e Hijos. ¿o es a las 9:45 hrs.?. No importa. Lo volveré a recordar.

En la sala, entran dos tipos que no habían estado ahí antes. Yo los conozco. Comienzan a conversar sobre cine. Me hablan sobre la última película de Charlize Theron. Me intereso en el tema y comienzo a opinar (me gusta esa actriz). Me cuentan que se ha teñido el pelo de negro. Ella es rubia (o al menos lo era). Así se ve muy linda. Morena no sé. ¿Se acuerdan de El Abogado del Diablo?. Ella se ve estupenda. No sé si me enamoré de ella en esa película o fue en una anterior. Ya me comienza a fallar la memoria. ¿Vieron la película donde sale con un gorila gigante?. Joe creo que se llamaba el gorila. La película es mala, pero ella no. ¿Alguien sabe si actuó en la película Starship Troopers?. Me recriminan tal aberración. Es otra actriz que se le parece mucho. Me quedo en silencio por un momento, lamentando la terrible confusión. Y siguen hablando. Algo de Flux se llama la nueva película. No me queda claro si es la adaptación de un comic o de una serie animada que dieron en un canal del cable.

Por fin, se han ido. Solo otra vez. La misión sigue intacta en mi memoria. A las doce en casa de Laura. Soy un amigo de la infancia, que le va a contar que la encomienda llega el viernes 12, a las 9:45 hrs., al Rodoviario, en Buses Muñoz S.A.. ¿O es Muñoz y Cia. Ltda..?. No importa. Ya lo recordaré.

Ahora, hace ingreso a la sala, una mujer joven. Es mi compañera de trabajo. Me quiere preguntar dónde he dejado el GPS para rastrear a sus hijos. Me dice que lo debía dejar en su casillero, pero no recuerdo que me haya dado esa instrucción. Insiste en que me lo pidió hoy por la tarde. Es un dilema. Trato de buscar en mi mente el lugar donde ha quedado ese artefacto, pero no lo recuerdo. Sus hijos tienen la mala costumbre de desviarse del camino a casa cuando salen del colegio. Recuerdo que estuve en los camarines, pero no logro recordar el famoso GPS de mi compañera. Le digo que se quede tranquila. Que debemos conservar la calma y recordar. Recordar dónde quedó el accesorio extraviado. Comienza a nombrarme a sus hijos y las diversas teorías que tiene sobre el lugar donde pueden estar en este mismo momento. Le pregunto por el nivel que está cursando el mayor de sus hijos. Me dice que va en cuarto básico. ¿Qué edad tiene entonces? –le pregunto sorprendido-. Este año cumple los diez –me responde ella-. Me doy cuenta de que hace mucho tiempo que no he visto a sus hijos. De pronto, se levanta del asiento, y me dice que ha recordado dónde dejó el GPS. Me da las disculpas y sale de la habitación.

Me quedo en silencio y pensativo por un momento. Luego reacciono, y me incorporo en mi asiento, ofuscado. Ofuscado porque recuerdo que no tengo que olvidar. Olvidar la misión. Entonces comienzo a bucear en mi memoria para reflotar, parte por parte, las palabras que forman parte de las instrucciones que me han encomendado, y que constituyen mi misión. Comienzo a ordenarlas de manera coherente, para volver a repetírmelas una vez más. Sí, la misión. Debo ir a casa de Laura Muñoz el día 12 en la noche y hacerme pasar por un niño de diez años que le va a llevar una encomienda (creo que es un GPS), para que la lleve al Rodoviario, a las 9:45 hrs., y se la entregue a un señor Jemmings. Dudo por un momento, pero luego me consuelo pensado que las palabras siguen aún en mi mente. Sólo debo revisar la redacción.

Hace dos minutos que se ha sentado, frente a mí, una señora de edad algo avanzada, con un cigarro en la mano derecha y, en la otra, una taza de café recién servido, y que dice ser una operadora de la central telefónica. Luego de que me dice su nombre, reacciono haciéndole un gesto que le hace notar que ya había hablado con ella por teléfono, pero que no la conocía en persona. Por el sonido de su voz al teléfono, me la imaginaba mucho más joven y con un físico mejor cuidado, pero no era el momento para tales confidencias. No sería apropiado ni prudente. Tampoco para contarle que había tenido más de alguna fantasía con ella. Comienza a hablarme. A contarme de una llamada, que había recibido hace dos días atrás, de un señor que le recriminaba por los cobros excesivos en su cuenta de teléfonos, y que él necesitaba que le enviaran, a su domicilio, un detalle de todas las llamadas que le estaban cobrando. Ella intentó explicarle que no estaba llamando al lugar apropiado para resolverle su problema, pero él le interrumpe diciéndole, y recriminándole, que ya lo han tramitado mucho traspasando su llamada de un anexo a otro y, antes de que ella pudiera responderle, le exige que no le traspase a ningún anexo más, de lo contrario, enviaría una carta al diario denunciando los cobros excesivos y el trato displicente que se le brinda a los usuarios cada vez que llaman por alguna consulta. Y, por si no le había quedado claro el tono de su amenaza, le dice que la acción que él piensa emprender, le podría costar, a ella, su puesto de trabajo.

Después de botar un poco de cenizas de su cigarro al piso, y de sorber un poco de su café, continúa explicándome que dejó que el señor hablara, hasta que él estuvo un poco más calmado, y luego le explicó que, el número de teléfono al que estaba llamando, no era el de dicha compañía de telecomunicaciones, sino que se estaba comunicando con la División de Inteligencia y Telecomunicaciones, un organismo estatal dependiente de la policía civil. Ella se pone a reír, mientras bota un poco más de ceniza al piso. Luego sorbe un poco más de café antes de proseguir. Me dice que él se quedó mudo por un momento, pero que luego comenzó a quejarse de que el nombre de nuestra División, que aparece en la guía telefónica, induce a errores como el suyo. Que el nombre de la entidad a la que pertenecemos, debería ser cambiado o, por lo menos, debería dejar explícito en la guía de teléfonos que se trata de un organismo estatal. Y que, de todas maneras, va a enviar una carta al diario quejándose por esta situación. Luego de esas palabras, colgó. “¿Me puedes creer que exista gente así, que no sabe pedir disculpas no reconocer que se ha equivocado?”. Le dedico un gesto de aprobación, al no encontrar un comentario que hacer al respecto. Ella mira su reloj, y luego se pone de pie (al tiempo que pisa la colilla de su cigarro en el piso), y me dice que debe volver a la Central. Y, como ocurrió durante toda su permanencia en la sala, no digo una sola palabra mientras ella se retira.

Me quedo pensando un momento en lo increíble que me parece, que una persona como ella, cuyo trabajo consiste en hablar por teléfono durante horas, dedique su tiempo libre a seguir hablando de sus anécdotas telefónicas. Me parece increíble. Es como el cartero que sale a caminar los fines de semana.

Una vez más he quedado pensativo y en silencio. Pero luego, vuelvo a reaccionar ofuscado, y me incorporo en la silla, para concentrarme, otra vez en la misión. Pero justo en ese momento, aparece alguien por la puerta, preguntándome si estoy listo. Mientras me encojo de hombros, y antes que pudiera balbucear una palabra en respuesta, alguien en el interior, le responde que aún no estoy listo. Entonces se retira, cerrando la puerta.

La desesperación se apodera de mí, al comenzar a sentir que la misión ha comenzado a huir de mi mente. Entonces se vuelve a abrir la puerta, pero esta vez ingresan tres personas en la sala. Dos hombres altos y de gafas, flanqueando a un hombre bajo y gordo. Lo reconozco enseguida. Es mi jefe y sus guardaespaldas. Se sienta en la silla frente a mí, con sus dos guardaespaldas de pie a ambos costado suyo. Abre su carpeta, extrayendo una hoja, que parece ser mi ficha de antecedentes. Luego levanta su mirada, para dirigirla directamente a mis ojos. Me pide que le repita las instrucciones de la misión que me encomendaron, antes de comenzar este interrogatorio que ya completa las dos horas. Titubeo inseguro ante la angustiosa sensación de mi mente perturbada. Pero luego me entrego resignado ante la situación en que me encuentro. Si demoro mucho en responder, notará mi perturbación e inseguridad. Entonces, comienzo a hablar con determinación: “Debo ir a la casa de Laura Jemmings, a las 9:15 hrs., y hacerme pasar por un señor Robert Muñoz, para entregarle una encomienda que llegó el día viernes 12 al Rodoviario”. Mi jefe baja la mirada, y hace unas anotaciones en la ficha. Luego, vuelve a levantar la mirada, y me dice: “Felicitaciones. Queda usted reclutado”. “¿He acertado con la misión entonces?”- le pregunto sorprendido. “Por supuesto que no”- me replica, encorvando las cejas. Mi alegría por el reclutamiento, se transforma de pronto, en una sorpresa casi de horror. “Pero, ¿cómo?”- le pregunto sorprendido. Él baja su mirada hacia mi ficha, y comienza a leer: “Usted debía ir al aeropuerto, a las 12:00 hrs., para acompañar al señor Robert Jemmings, que llegaría en el vuelo de esa hora. Haciéndose pasar por un taxista, usted debería trasladarlo al Rodoviario, para subir a un bus que lo llevaría a la ciudad de Santa Laura. En el trayecto usted le entregaría una encomienda que debería entregar llegar el señor Jemmings, al agente Muñoz que se encontraba en esa ciudad”.

Nuevamente mi mente se ofusca, tratando de entender lo que estaba ocurriendo. Mi jefe cierra su carpeta y se pone de pie. “Hace años que buscamos una persona con sus características. Alguien que, ante un interrogatorio apremiante y tortuoso, pudiera entregar información errónea a sus captores. Alguien a quien no pudieran sacarle ni una gota de la verdad, aunque le aplicaran el suero que hace hablar hasta a los mudos”. Antes de abandonar la sala, en compañía de sus guardaespaldas, pone su mano en mi hombro, y me dice: “Bienvenido a la Sección de Contrainteligencia”.

Me quedo un momento sentado solo en la sala, riéndome de la situación que acabo de vivir. Y pensar que mi madre me envió al psicólogo por mis problemas de memoria. Ella nunca se imaginaría que su hijo recibiría un ascenso por eso. Son las ironías del destino.

Salgo del edificio con mi estima renovada. Camino hacia el estacionamiento, para poder dirigirme a mi casa a celebrar la magnífica noticia. Avanzo con paso firme y seguro pero, de pronto, la ofuscación se vuelve a apoderar de mi mente. Deambulo entre los vehículos, de un lado para otro, buscando el mío. ¿Dónde habré estacionado el auto?.

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jueves, marzo 01, 2007

MIRA LAS AVES DEL CIELO


No te imaginas las cosas que puedes encontrar botadas en las calles del centro de la ciudad; ni lo que, inocentemente, esconden sus basureros. Y tampoco te imaginas para qué ni cuándo, te pueden ser útiles.
El centro de la ciudad es un escenario perfecto para practicar la mimesis. Todo pasa desapercibido. Nadie se detiene a observar. “Caminar y esquivar” se llama el juego, en el gran laberinto de edificios. De pronto, el centro de la ciudad, se nos presenta como un gran universo microscópico. Es como el largo pasto del jardín, que esconde un sin número de seres imperceptibles a nuestros ojos. La gran mayoría, sólo está de tránsito por el lugar, y son sólo unos pocos los verdaderos moradores. Precisamente, en este momento, uno de estos últimos viene bajando por calle Pratt, en dirección a la Plaza.
Es un hombre joven, de unos 25 años más o menos. Cara redonda y tez algo morena. Pelo rizado, pero despeinado, y con un incipiente bigote. Su aspecto es absolutamente desarreglado. Viste unos blue jeans desteñidos, zapatillas de lona color azul, una polera totalmente roja, y un largo y harapiento chaquetón de lana verde. Sin embargo, el joven es, en esencia, inofensivo. Y así lo entiende la gente que lo ve pasar. Usa muletas.
Se ha detenido un instante, para hacer un nuevo esfuerzo en agacharse a recoger algo. Esta vez se trata de una pequeña lima para uñas. Nunca se sabe cuándo te puede ser útil.
El siempre encuentra cosas, todos los días. Un ejemplo de esto, son los tres relojes que lleva en el brazo izquierdo, así como tantas cosas más que lleva escondidas en sus bolsillos. No tiene amigos ni conocidos. Sólo su madre y su hermana forman parte de su red social. Es por eso que nunca mira a nadie al caminar. Sólo mira al suelo y las paredes. Ahí están los objetos que él busca : Aquellas cosas que dejaron de pertenecer a alguien.
Todos los días se dirige a la Plaza de Armas, porque es el mejor lugar para dar vueltas todo el día e ir encontrando nuevos objetos botados en cada giro. Y, si necesitas descansar un rato, hay bancos en todos lados.
Es precisamente en uno de esos descansos, sentado en un banco frente a la Municipalidad, cuando se encuentra botado un objeto, que podría ser un anillo. Se levanta presuroso y se acerca. Es un anillo. Lo va a recoger, y justo cuando se encuentra realizando su secuencia de movimientos sincronizados para agacharse, es atropellado por un transeúnte distraído.
Se trata del senador Bañados, que iba con su comitiva de tres acompañantes, camino a una reunión con un senador de la bancada opositora. La reunión era muy simple. Se trataba del conocido juego de “Yo te doy, pero Tú me das”. Y, precisamente, se encontraba afinando los detalles de su petitorio, cuando tropezó con el joven de las muletas.
El joven, en un esfuerzo por intentar erguirse, apoyó su mano derecha sobre el bolsillo de su chaquetón. Un objeto en su interior hizo ¡Clic!. Y antes de poder averiguar de qué se trataba, se encontró de frente, con el rostro alterado del senador, quien ya había tomado conciencia de su humillante situación y de la poca valencia social del causante de ésta.
El momento tensional provocado por la situación, duró el segundo que el senador de la República demoró en iniciar su alegato contra el joven.

- ¡Pero cómo no te fijas por donde caminas, torpe!. ¡Cómo no te fijaste que venía yo! - vociferaba el senador, con su rostro cada vez más encolerizado-. ¿Acaso no sabes quién soy yo?. Soy Jorge Bañados, senador de la República. ¿Sabes lo que eso significa, inválido tarado?. Significa que te has metido en graves problemas.
- Cálmate, Jorge - le dijo uno de sus asesores, tomándole por el brazo-. Fue un accidente. No sigas tratando así a este inválido. Podría afectar tu imagen.
- No te preocupes. Lo haremos ver como que fue un intento de robo. Así haré que este desgraciado se arrepienta por esta humillación.

Justamente en ese momento, la escena se ilumina con la luz de un flash. Un afortunado fotógrafo de El Diario Austral, que por azar se encontraba de paso por el lugar, no dudó en capturar ese instante con su cámara, pensando haber salvado su día. Inmediatamente, otro de los asesores del senador, se dirigió hacia el fotógrafo, para lograr comprar aquella fotografía, con cámara y rollo incluido, con un buen soborno. A lo cual, el fotógrafo aceptó sin reproches. Se trataba del senador Bañados : “UN HOMBRE QUE PAGA BIEN”.
Al ver el buen fin de las negociaciones con el fotógrafo, el senador y su asesor reanudaron su interrumpida discusión.

- Lo del robo no va a resultar, senador –continuó el asesor-. Hay muchos testigos en este lugar, y más de alguno de ellos, puede ser un elector disgustado con su campaña, y que estaría presto a ofrecerse voluntario para atestiguar en contra suya.
- Tienes razón. Y la situación se está volviendo algo tensa, aquí parados –observó el senador-. Entonces, ¿Qué vamos a hacer?.
- ¡Su carnet! –respondió el asesor-. Retengámosle el Carnet de Identidad, mientras pensamos qué vamos a hacer con él.

El asesor hizo un gesto con su cabeza al tercer asesor, y éste se dirigió donde el joven.

- ¡Tu Carnet! –le exigió al joven, con la mano extendida-.

El joven lo extrajo de un pequeño bolsillo de su chaquetón, y se lo pasó al asesor.

- Bien. Vamos nos ahora –ordenó el senador-. Vamos a llegar tarde a la reunión.

Los cuatro hombres se alejaron presurosos del lugar, dejando al joven de muletas tendido en el suelo. Éste extendió su brazo izquierdo, para tomar el anillo que estaba en el suelo, y luego lo guardó en uno de los bolsillos de su chaquetón. Luego comenzó a realizar su secuencia de movimientos sincronizados para ponerse de pie.
Cuando estaba realizando uno de estos movimientos, y justo en el momento que quedó con su cabeza mirando al cielo, observó a unas aves que se encontraban paradas en unas ramas justo sobre su cabeza. Tan pronto estuvo de pie, emitió un fuerte suspiro, se arregló el cuello de su chaquetón, y decidió que ya era buena hora para volver a casa.
Se dirigió directamente hacia el paradero de micros de calle Portales. No sin antes hacer una breve parada, para recoger una moneda de 100 pesos que estaba bajo una cuneta. Nunca se sabe cuándo te puede ser útil.
No tuvo que esperar mucho. Su micro ya estaba estacionada.

- ¿Me lleva por 100, caballero?.

El chofer respondió haciendo un gesto afirmativo con la cabeza. Subió al primer peldaño, y le pidió al pasajero del primer asiento que le ayudara con las muletas. Se acomodó en el asiento que está detrás del chofer, y le dio las gracias al pasajero. Miró por la ventana y volvió a suspirar.
Luego introdujo una mano en el bolsillo derecho de su chaquetón, y extrajo una pequeña grabadora de mano. Otro de los objetos que había encontrado en la calle. Se dio cuenta de que estaba grabando, y recordó el ¡clic! de la plaza. La manipuló con sus manos. Primero “STOP”. Luego “REW”. Espero unos segundos, y “STOP” de nuevo. Luego “PLAY”. ” No te preocupes. Lo haremos ver como que fue un intento de robo. Así haré que este desgraciado se arrepienta por esta humillación”. Un último “STOP”, y otro suspiro mirando a la ventana.
Nunca se sabe cuándo te puede ser útil.

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viernes, enero 26, 2007

LOS LANZA VIENEN DE ESPAÑA

Soy un “lanza”, y no me estoy refiriendo a mi apellido. Por lo menos, así me llaman mis amigos (y no amigos, también). Y “lanza”, me han gritado desde que era muy pequeño. Pero no me mal interpreten : no soy un ladrón. Yo no robo. Eso es malo. Tan sólo tomo posesión de lo que me corresponde. Es mi derecho. Es por eso que estoy orgulloso de ser un “lanza”.

Pero ahora que recuerdo bien, mi orgullo por ello, comenzó cuando estaba en sexto básico. Antes de eso, pensaba que ser un “lanza”, era algo malo. Y yo no era eso. Todo lo contrario. Era el mejor alumno del colegio, y el alumno más aventajado en matemáticas. Mis padres, profesores y gente mayor que sabía de esto, me decían que era un niño muy inteligente y que esto me abriría muchas puertas en el futuro. Pero, cuando me gritaban “lanza”, mis compañeros de cursos y el resto de los niños del colegio, me hacían sentir como si fuera el más malo.

Gracias a Dios, ese año tuve clases de Religión. Ahí pude desahogar todas mis inquietudes que no tenían que ver con Matemáticas, Castellano, Historia, Cs. Naturales o Artes Plásticas. La profesora se llamaba Srta. Constanza (nunca me olvidaré de su nombre). Había que decirle “Señorita” aunque ya era mayor de edad. Se caracterizaba por ser muy catedrática al momento de aclarar alguna duda (cosa que jamás lograba). Sus respuestas eran muy extensas y en un lenguaje que ninguno de nosotros lograba entender. Usaba muchas palabras raras, y ninguno de nosotros se atrevía a preguntar su significado por temor a otra de sus largas respuestas.

Se dijo que su actitud, algo altanera por momentos, se debía a que los demás profesores la miraban en menos, porque decían que había “entrado por la ventana”. Ahora que soy más grande, y entiendo lo que eso significa, creo que sólo eran celos profesionales. En todo caso, injustos. La Srta. Tenía vocación para la pedagogía.

Antes de conocerla, mis compañeros me llamaban “lanza”, por el hecho de que yo nunca compraba algo del quiosco del colegio, sino que lo tomaba y listo. La abuelita nunca me dijo nada, y creo que era porque ella entendía lo mismo que yo. Era lógico : ellos debían pagar por lo que ella ofrecía en el quiosco, pero yo no, pues era el mejor alumno del colegio. Mi confusión sobre si aquello era bueno o malo, me duró hasta que acudí a la Srta. Constanza.

Nunca olvidaré aquel día. Me acerqué a ella y le pregunté : “Srta. Constanza, ¿de dónde vienen los ‘lanza’?”. Y ella me respondió (con esa voz tan parsimoniosa y la vista en el cielo) : “Los ‘Lanza’ vienen de España. Uno de ellos, Don Benito, fue hombre de confianza de la Reina Isabel II, y se casó con Doña María Pignatelli, quien era Duquesa, Marquesa y Princesa. ¿Por qué lo preguntas?”. “Por nada”, le respondí.

Y desde ese día, nunca más me avergoncé por tomar lo que, por derecho, me corresponde.

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martes, enero 23, 2007

MI ÚLTIMA OPORTUNIDAD


Un par de cosas me mantienen aún en esta ciudad de Carahue. Una, el poder recopilar datos para escribir mi reportaje, y la otra, mi orgullo. Llevaba ya dos semanas sin conseguir nada. El hecho que esperaba todas las noches que ocurriera, ansioso con mi cámara, parecía esconderse de mi. Mi grabadora de mano se convirtió rápidamente en un artefacto sin utilidad. La gente del lugar me mira de manera extraña, como si fuera un delincuente o algo así, un personaje peligroso, una persona no deseada. Un profanador. Mi editor me había gritado la noche anterior, que no deseaba más pérdida de tiempo, ni de dinero, en ese lugar tratando de cazar un rumor sin trascendencia. Mi trabajo parecía estar en una condición muy peligrosa a causa de mi obstinación por aquel reportaje, pero eso no era muy diferente a mi situación antes de él, pues me había convertido en un reportero en decadencia, camino a la extinción. Mi carrera como periodista exitoso, necesitaba urgentemente de un golpe de suerte que me colocara nuevamente en el lugar de reportero estrella. Y este reportaje lo era ... o, por lo menos, eso es lo que esperaba.

Esta extraña dirección que tomó mi carrera como periodista, comenzó hace un mes atrás, en un bar de mala muerte, conversando con un viejo ebrio que frecuentaba ese lugar. Mi apariencia, por aquel entonces, era muy distinta a la de ahora. Una barba descuidada, un pelo desordenado y sin lavar, y un terno que nadie creería que tenía menos de un año. Mi vida había caído en un agujero sin salida y me había refugiado en el seguro, pero poco saludable, mundo de la bebida. Fue la mejor solución, además de bajo costo, para poder distraer mi mente en resacas y otros malestares producto de la borrachera, en vez de concentrarme (o, mejor dicho, para no concentrarme) en lo suicida que era mi vida en ese momento. En esa condición, con la mirada concentrada en el vaso de bebida que tenía servido, y sin poner mucha atención a la conversación que sostenía el viejo a mi lado, fue que escuché una extraña historia que ocurría a las doce de la noche en la plaza de un pueblo. Cuando levanté mi cabeza, algo arrugada por la curiosidad que me provocaba el relato, para hacer la correspondiente pregunta de “¿ Cómo fue eso?” que contrastaba con la expresión de mi rostro, que comencé a poner más atención en la historia que me estaban contando. La lucidez volvió a mi, al descubrir en ese relato una oportunidad para salir de aquel agujero en el que había caído.

El hecho ocurría en la plaza de la ciudad de Carahue, exactamente a las doce de la noche. Y la historia decía que, si uno cruzaba aquella plaza a dicha hora, se perdía. No me refiero a que desaparece, sino a que, luego de cruzar aquella plaza, apareces en otro lugar. Pude deducir del relato del anciano, que aquel hecho tenía características de un fenómeno sobrenatural. El comportamiento de los individuos, posterior a la experiencia del fenómeno, se caracterizaba por una pérdida de la noción del tiempo y de la memoria. Sólo alcanzaban a recordar que comenzaron a caminar por la plaza, y luego aparecieron en otro lugar. De lo que ocurrió en medio de aquel trayecto, nadie lo recuerda.

Lo que el anciano me estaba contando, lo había experimentado en persona, así como tantos habitantes del lugar. Y era tal el hechizo que aquella historia había provocado en mi, que cuando el viejo me dijo “¡ Le juro por Dios que es verdad !”, yo ya sabía que así era.

Pero lo que al final logró convencerme para que fuera a conversar con mi editor y desafiarle a que me diera la última oportunidad, fue el hecho de que tenía la certeza de que el relato no era una simple leyenda de pueblo chico. Sobre todo porque no era un hecho esporádico que se pudiere dar en cualquier lugar de la ciudad, sino que ocurría todos los días a las doce de la noche en la plaza de Carahue. Es decir, ocurría a una hora y en un lugar específicos. Lo anterior me llevó ha elaborar una hipótesis : Lo que de día se conoce como la famosa plaza de Carahue, a las doce de la noche, se transforma en otra cosa. Y eso es lo que viene a averiguar. Tal vez no se transforma, tan sólo despierta de su letargo. Tal vez alguien construyó algo en aquel lugar, y luego lo disfrazó con el aspecto de una plaza. O tal vez, la misma gente del lugar, quiso esconder algo ahí, construyendo aquella plaza.

Muchas teorías rondaban mi cabeza, sin embargo ninguna era demostrable. Sobre todo porque no tenía pruebas del fenómeno. Y eso es lo que he estado haciendo en estas dos semanas aquí en Carahue. Pero mis esfuerzos han sido infructuosos.

Lo que estas leyendo en este momento, lo estoy escribiendo sentado en uno de los escalones de la iglesia que se encuentra justo en frente de la plaza. Voy ha hacer mi último intento por descifrar este misterio. Son las once horas con cincuenta y siete minutos de la noche del sábado veintidós de agosto de mil novecientos noventa y ocho, y voy a entrar a la plaza con mi cámara y mi grabadora de mano, y dejaré esta nota en este escalón, porque no tengo la certeza de lo que pueda ocurrir conmigo después de esto.

Espero llegar de vuelta, a buscar esta nota, antes de que alguien la lea. Si no es así, significa que mi incursión fue un éxito, ... pero mi reportaje nunca se publicará.

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miércoles, enero 03, 2007

LA CASA DE LAS PLANTAS

Un día conocí una casa extraña. En realidad, a una mujer extraña. Las casas reflejan a las personas que viven en ellas. Y es que en este trabajo, de gasfitero, uno tiene la oportunidad de conocer muchas casas. Y muchas personas. Casas extrañas, he conocido varias, pero ninguna como aquella.

La mujer que llamó a mi teléfono, para solicitar mis servicios, tenía una voz sensual. De esas voces de mujer que hacen que tus hormonas se remuevan. Pero, generalmente, las mujeres que tiene voces sensuales, no lo son en vivo y en directo. Así es que no tenía muchas expectativas sobre ella (la experiencia te enseña).

Antes de llamar al timbre de la casa, ya sentía una extraña sensación. ¿Has visto alguna vez una casa rodeada por plantas?. Me imagino que sí, pero te aseguro que no has conocido ninguna como esa.

La mujer que salió a recibirme, tenía una hermosa cabellera negra, y unos ojos hipnotizadores. Su forma de caminar, y su voz, eran absolutamente sensuales. En ese momento, me di cuenta que estaba frente a la misma mujer que me habló por teléfono. Mi reacción, y también mi cara, deben haber parecido muy estúpidas, porque demoré, no sé cuanto tiempo, en darme cuenta de que tenía que hablarle (y no sólo contemplarla).

Me hizo entrar a la casa, para mostrarme el lugar donde tenía que efectuar las reparaciones. Entrar en esa casa fue otra cosa. Si por fuera, se veía una casa rodeada por plantas, por dentro era como ingresar a una selva. No se me hizo difícil adivinar la razón del desperfecto. Las cañerías del lavaplatos, estaban atestadas de raíces. Lo extraño, era que no necesitaba el artefacto para lavar platos, sino para regar sus plantas. Toda la casa era un hábitat para las plantas. Las personas no tenían cabida en ese lugar. Y, sin embargo, era el hogar de aquella mujer. Así lo hacia ver aquella mujer.

Se sintió muy aliviada cuando terminé mi labor y logré reparar el desperfecto (claro que sin cortar ninguna raíz, como me lo había pedido). Y yo quedé embriagado, al contemplar su rostro una vez más.

En medio de aquel ambiente exótico, fui salvado por mi anillo de matrimonio. Si no hubiera logrado tocarlo, y con ello haber despertado del embrujo, hubiera caído ante la encantadora tentación de convertirme en su esclavo, en el momento en que ella se abalanzó sobre mi para darme un beso de agradecimiento.

Mi despedida fue más corta que la de un preso que se va a fugar.
Nunca más volví a ese lugar, aunque de noches su nombre aún me llama en sueños.

Oh!, Poison. Dulce veneno. Eres como la flor que somete a la abeja a la agradable sensación de ser su esclavo. Tú eres la flor que me dio ese veneno con gusto y aroma a néctar. La flor que no se marchita en otoño. Y yo soy tu abeja. Tu abeja fiel y esclava.

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lunes, diciembre 18, 2006

Una anécdota navideña



Todo el mundo lo comentaba. Todo el mundo hablaba de eso. Era la gran noticia del momento (tal vez, la más grande noticia de todos los tiempos). Estaba en boca de todos y en todas partes se hablaba sólo de eso: en los diarios, la T.V., las radios, en Internet, etc.... Y el lugar donde ocurría aquella noticia, era Chile. Tal vez, más importante que el hecho ocurrido, era el dónde ocurría. Chile se convertía en el lugar donde ocurría la noticia más importante, y más trascendente, de todos los tiempos.

La verdad es que, objetivamente hablando, Chile no importaba para nada. El lugar donde ocurría la noticia, era irrelevante (a excepción, de aquellos que tienen ese sentido patriótico-tercermundista, como el mío). Lo realmente relevante, era lo que aquella noticia estaba provocando en la mente de todo el mundo.

Y es que, el hecho de saber, de un día para otro, que el Viejo Pascuero existe (o sea, que lo podemos ver y tocar), implicaba un cambio de mentalidad en las cabezas de todo el mundo. Es como si de pronto, se presentara Dios, y nos dijera: “Aquí estoy. ¡Vieron que era verdad que existía”.

A simple vista, aquel personaje (que decía ser el Viejo Pascuero), tenía un aspecto más bien antropomórfico, bastante obeso, con una vistosa barriga, una pronunciada barba blanca, y un gorro, que al igual que el resto de su vestimenta, era de color verde. Por lo demás, continuamente exhalaba un “JO, JO, JO” risueño. Lo cual hacía pensar, a simple vista, que efectivamente era el Viejo Pascuero.

Para demostrar la veracidad de dicho Viejo Pascuero, se hicieron pruebas de todo tipo, a la vista de todo el mundo. O sea, con cobertura en todos los medios de comunicación, lo que creó una gran expectativa para la gran mayoría mundial, y un tremendo dolor de bolsillo para unos pocos: los dueños de agencias noticiosas de todo el mundo. Y es que, este supuesto Viejo Pascuero, demostró primero que todo ser un gran negociador, adjudicándose los contratos por exclusividad, más lucrativos de todos los tiempos.

La primera prueba fue absolutamente obvia. Se trataba de demostrar cómo podía recorrer los hogares de todo el mundo, en una sola noche. La demostración fue realmente increíble y categórica. Realizó el truco de “aparecer y desaparecer” en 56 programas en vivo que se estaban exhibiendo, a la vez, en distintos lugares del mundo. Es decir, apareció y desapareció en 56 lugares distintos y distanciados, en menos de un minuto.

El asombro se podía oír en todas partes. Mientras los científicos trataban infructuosamente de encontrar una explicación racional a lo ocurrido, las grandes industrias transnacionales comenzaban a fabricar los primeros muñecos con la figura de aquel Viejo Pascuero (por supuesto, previa negociación con él mismo). El mundo parecía girar más lento. No había certeza sobre lo avanzado, y mucha inseguridad sobre todo lo que se creía cierto hasta ese momento.

La segunda prueba, ni siquiera se alcanzó a pensar, pues el mismo Viejo Pascuero, llamó a cadena internacional de radio y televisión, y se declaró el único políglota de todos los tiempos. Seguido de esta declaración, comenzó a aparecer en una veintena de programas estelares de los Lunes, en los cuales se le hacían infructuosas pruebas por demostrar lo contrario. Incluso, habló en más de treinta lenguas muertas, algunas desconocidas hasta para los expertos. Y para el colmo de éstos, habló en una lengua, que dijo, era extraterrestre (no dijo llamarse “IRENCO”, ni nada por el estilo, lo que hacía muy lejana la posibilidad de negarlo).

Esto último, aportaba un nuevo y curioso antecedente a la inocente creencia popular: “El Viejo Pascuero, a parte de repartir regalos en todo el mundo, también hace entregas extraplanetarias”. El tema de la Vida Extraterrestre, era reactivado nuevamente por los medios de comunicación, pero esta vez, como una certeza (y adivinen quién se llevaba todas las exclusivas sobre el tema...).

Las grandes agencias mundiales de prensa y televisión, comenzaban a quedar sin recursos para seguir pagando las exclusivas al Viejo Pascuero. La CNN había comprometido todo su presupuesto anual, para cubrir la entrega de regalos del Viejo Pascuero en todo el mundo. El New York Times, se reservaba los derechos para la entrega de presentes a los mandatarios de todo el mundo. Y el Reader’s Digest, se quedaba con las anécdotas y curiosidades que ocurrieran en dicha odisea.

La ley del “chorreo”, comenzaba a funcionar (ya no sólo en teoría), por primera vez, en todo el mundo. Los programas televisivos de más poca monta, comenzaban a experimentar un protagonismo absolutamente inesperado (acaso como un regalo anticipado de Navidad). Y fue precisamente, uno de estos “programuchos” de poca monta, el que dio el otro gran golpe noticioso.

Ya sé que podrán pensar que el hecho se ve fuertemente influenciado por la nacionalidad de quién escribe estas líneas, pero les puedo asegurar que todo ha sido involuntario. Pues esta aclaración, se debe a que, aquel programa de T.V., era chileno. Un insignificante programa infantil chileno, de una insignificante estación televisiva chilena.

Como es propio de este tipo de programas televisivos chilenos (o sea, en gran parte improvisados), la tía-animadora le pide al público infantil que le formule espontáneas preguntas al invitado (que en este caso, se trataba del mismísimo Viejo Pascuero). Y fue, justamente, un pequeño niño chileno (chileno de corazón), quién le formuló la gran pregunta de todos los tiempos: “¿por qué su traje es de color verde y no rojo?”.

En todos los televisores chilenos (y luego del mundo entero), se vio el rostro dubitativo y perplejo del Viejo Pascuero, acompañado de un silencio cómplice de la intriga y la incertidumbre.

Comenzó por dar una serie de explicaciones (literalmente, para “cabros chicos”), hasta aproximarse a algo ligeramente coherente y racional. Creo, a raíz de los hechos ya narrados, que hubiera terminado por convencernos, si no hubiera sido por lo que ocurrió inmediatamente después.

En el monitor de los televisores, se podía ver claramente lo ocurrido. A la izquierda del Viejo Pascuero, apareció otro igual, vestido con un traje distinto, pero del mismo color. Ambos comenzaron a hablar (y luego a discutir), en una lengua que nadie entendía. A los segundos de ocurrido esto, apareció otro a su derecha (con otro tipo de traje, pero igualmente verde).

Los tres Viejos Pascueros discutían por cadena internacional, y nadie entendía nada. De pronto, el de la izquierda exhibió un calderón de color dorado, al Viejo Pascuero del centro, repleto con monedas del mismo color. Nuestro Viejo Pascuero, rehusó tal oferta. En seguida, el de la derecha, exhibió un calderón como el anterior, pero acompañado de un pomposo gesto de inmensidad con las manos.

Mientras la perplejidad se dibujaba en todos los rostros que observaban aquel programa infantil (con expresiones verbales que nadie entendía, pero con gestos por todo el mundo entendibles), se decidía cual era el precio de nuestra inocencia. Finalmente, no hubo acuerdo entre los tres Viejos Pascueros, y luego de hacer una breve pausa a su conversación, y exhibir una irónica sonrisa a todos los televidentes, desaparecieron sin dejar rastro.

Aquel duende estuvo a punto de armarse de una riqueza enorme, a costa de nuestros bolsillos, y burlándose de nuestra inocencia. Afortunadamente, su astucia no alcanzó para engañar a un niño. Aquel niño que, a pesar de lo ocurrido, seguía pensando que el Viejo Pascuero existe. Aquel mismo niño que habita en cada uno de nosotros, y al que también le llamó la atención el color del traje del Viejo Pascuero, al oír esta historia.

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miércoles, diciembre 06, 2006

SOLO SOY PALABRAS

“... Y las palabras crearon al ser humano, hombre y mujer. Y les dieron un nombre a cada uno y, de esta manera, tomaron existencia única. La Palabra fue primero, y sin ella, nada de lo que existe sería.”. Así terminaba el cuento que mi abuelo me leyó. Un cuento peculiar (bueno, él era una persona peculiar). En aquella ocasión recuerdo que le pregunté : “Abuelo, ¿es eso verdad ?. Lo que me acabas de leer, ¿ es la verdad ?”. Y luego de darme una mirada de ternura (porque era su nieto predilecto ; quizás porque era el único que no lo creía loco), me dirigió un sermón que jamás he olvidado, ni olvidaré :


“Por supuesto que es verdad. ¿No te has puesto a pensar, alguna vez, de dónde vienen las palabras ?. Ellas ya existían antes de que tú y yo naciéramos. Y antes que naciera el primer hombre, ellas ya eran. Todo cuanto existe es una palabra y, antes de ser palabra (de tener un nombre), no es nada.

A Dios no lo puedes ver ni sentir y, sin embargo, existe. Y eso es así, porque fue nombrado, y una palabra acudió a él, y la palabra le dio existencia.

¿Los idiomas ?. Los idiomas no existen. No como los entendemos. Las palabras forman clanes. Cada clan es distinto al otro. Y , de estos clanes, los hombres crearon países.

Las palabras nos preceden y nos rodean. Hay sentimientos que experimentamos y que, al tratar de explicarlos, se nos hace difícil y hasta imposible y, sin embargo, se resumen en una sola palabra : Misericordia, Solidaridad, Ira, Desolación, Destrucción, Libertad, Amistad, Anhelo, Dicha, Melancolía, Júbilo, Esperanza, Valentía, Empatía, Pasión, Temor, Amor, Vida y Muerte.

La Historia ha sido escrita y descrita en palabras. Los conocimientos son adquiridos por medio de ellas.
Y Toda nuestra Vida se puede resumir en pocas palabras. Somos producto de las palabras”.

Con estas palabras, mi abuelo pudo cautivar mi atención, pero no mi comprensión. Ahora, que ya soy mayor, creo en él. Bueno, más que creer en él, creo en lo que me contó. Es por eso que me dedico a escribir, como un tributo a quién me dio la existencia.

Y para terminar, quisiera contarles mi vida entera :

“Toda mi vida se resume en cuatro palabras : Felipe Andrés Villanueva Saez”.

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lunes, noviembre 27, 2006

PARA COMENZAR

El lápiz murmura palabras en silencio, mientras el escritor se toma la cabeza con las manos sin saber qué escribir. Las palabras vuelan por su cabeza, como hadas burlonas, recitando incoherencias. Las palabras desaparecen cuando el escritor levanta la cabeza para observar a su alrededor. Hay libros y carteles en todas las paredes. Las palabras lo acosan mientras se desespera por escribir la primera línea. El lápiz se ríe de él y las paredes se burlan, mientras una hoja en blanco le desafía a los ojos.

No hay palabras en su cabeza. No hay ideas, no hay frases. No hay una historia, sólo un vacío. El vació lo reprime, y por eso intenta escribir algo, pero cada vez que lo intenta, la misma comedia irónica de palabras a la deriva, lo deja sumido en su perdición.

Su desesperación se va transformando, poco a poco, en agonía. Las palabras burlonas lo aturden y lo perturban. Se dejan caer sobre él en picada. De pronto una palabra le silba al oído y, al darse vuelta, otra palabra le ha silbado a su espalda. Cada una le silba algo diferente intentando desconcertarlo, desesperarlo, hasta conseguir tumbarlo.

Experimenta la soledad. Las palabras lo han abandonado. No hay poesía, sólo incoherencias : “8743mekk 78”, “pple45 q1”, “199abz”. Se ha ido el romanticismo. Ya no hay ternura, ni sutileza en su pensamiento, sólo violencia. Las palabras han logrado irritarlo.

Suelta un grito desgarrado y luego un suspiro relajado. Cruza los brazos sobre la mesa y después sume la cabeza entre ellos. Ha comenzado ha comprender que la desesperación, no es la solución. Intenta alejarse del escandaloso alboroto de las palabras y ha comenzado a sumirse en un profundo descanso. Un sueño comienza ha gestarse en su mente en blanco.

Ha comenzado a soñar. Sueña con el nacimiento de una estrella. En el vientre fecundo del universo, un pequeño ser ha nacido. Abandonado en la abismal oscuridad, ha sido poseído por el miedo. La oscuridad del universo es el medio de regulación natural. Ahí mueren o sobreviven los seres que luego serán soles. El pequeño ser llora implorando ayuda, pero nadie le socorre. Su llanto se transforma en desesperación, hasta que se convierte en enfado. Entonces el pequeño ser se ilumina y el universo se descubre ante sus ojos.

El escritor levanta la cabeza con una sonrisa en su rostro. Ya tiene algo que escribir. Entonces toma su lápiz con seguridad, enfrenta a la hoja en blanco y comienza a escribir :

“ dkjfgirt fdsop koorr kk dssseeaa igfrssrt flooosd ... “.

No está mal para comenzar.

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viernes, noviembre 17, 2006

RECUERDOS DE INFANCIA



¿Quién no conserva algún recuerdo extraño que le surge desde la infancia?, ¿Quién no recuerda algún personaje extraño : una profesora, un vendedor, un amigo, un anciano o un vecino?.

Cuando doy un vistazo al pasado para recordar la casa en que viví durante mi infancia, me acuerdo del vecino de la casa contigua a la nuestra. Me acuerdo de su jardín con esas flores que él llamaba pensamientos, cuya flor tenía la forma de un cerebro al aire. Admiraba su mascota llamada Yhamejty que tenía cuerpo de gato y cabeza de perro. De un pájaro que sacaba todos los días a tomar el Sol (me parece que se llamaba Yvniha) que tenía el cuerpo de un murciélago y la cabeza de un tucán.

A veces salía al jardín con su sombrero regalón hecho de huesos de ratón. Una vez le pedí que me lo pasara para verlo más de cerca. Los huesos estaban roídos y con evidencias de carne en algunas partes.

Yo lo consideraba una persona sumamente entretenida y común, pero había algo que siempre me llamó la atención de él y que es, creo yo, la razón por la que lo recuerdo tanto : Ese lunar que tenía en la mejilla derecha.

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jueves, octubre 26, 2006

DEDICADO AL PERSONAJE "URIEL"

Cuando era muy chico, recuerdo que mi abuelo acostumbraba a contarme historias entretenidas que hablaban de caballeros y doncellas, de dragones y duendes, de magos y reyes. Una de esas historias que más recuerdo, hablaba sobre un viejo que contaba historias y decía más o menos así :

Hace mucho tiempo, existía un castillo habitado sólo por nueve jóvenes guerreros. Su fama de grandes guerreros hacía que no tuvieran enemigos que les asecharán. La vida era muy aburrida para estos jóvenes no habiendo razones para pelear. Así es que se entretenían de otra forma. Habilitaron una sala del castillo como taberna y se juntaban ahí a contar historias. Se desafiaban para ver quién contaba la mejor historia. Con el pasar del tiempo, esta entretención se volvió rutina y la taberna se tornó silenciosa y aburrida.

Por esos días, pasaba por el lugar un viejo vagabundo que iba de puerta en puerta pidiendo algo para comer y beber. Al llegar a aquel castillo, los nueve jóvenes se miraron mutuamente y maquinaron una idea que les arreglaría el día. "¿Qué buscas anciano por estos lados?" -le preguntó uno de ellos. "Un poco de comida y algo para beber" -le respondió el viejo-. "Te haremos una oferta mejor si aceptas un desafío". "¿En qué consiste la oferta?" - preguntó el viejo-. "La oferta consiste en toda la comida que puedas comer y beber y, además te daremos ropa nueva". "La oferta me gusta, pero díganme ¿Cuál es el desafío?" -replicó el viejo-. "El desafío consiste en lo siguiente : Debes narrarnos una historia lo suficientemente buena como para cautivarnos, pero te advertimos que somos aficionados a las historias y no cualquier historia nos cautiva. Pero, además de este pequeño detalle, tu historia debe constar de 270 palabras, 1.170 letras (1) y debe concluir cuando acabe esta botella de vino. Qué dices ¿Aceptas?". El viejo se tomó la pera y murmuró un rato. Luego les dijo : "Bueno. Acepto el desafío, pero con una condición, que además de lo que me ofrecen, me den la mejor armadura y la mejor montura que tienen". Los jóvenes se miraron desconcertados por un momento, y luego respondieron al unísono : "De acuerdo".

Bueno, pues mi historia comienza así : "¿Quién no ha oído hablar del guerrero negro?,¿De aquel que se volvió en contra de los dioses sólo por amor a su doncella?, ¿Y de su novia que, aún después de muerta, le acompaña como espíritu?,¿Y de los secretos de las Joyas Oscuras?. Pues bien, cuentan que en una ocasión el guerrero se encontró con un rival peculiar (Algunos dicen que era un dios con aspecto de hombre, otros que era un enviado de los dioses). Al encontrarse con él, el guerrero empuñó su espada y lo desafió. El rival lo rehuyó esperando una salida menos violenta. El guerrero se cansó de perseguirlo y se sentó en una roca para escuchar su oferta. El rival le dijo que podría darle una de las Joyas y sin necesidad de pelear. El guerrero asintió, pues no es su propósito pelear, sino más bien obtener las joyas, entonces le preguntó por la condición que implicaba tal oferta. El desconocido lo llevó al interior de una caverna y le indicó un lugar. Había una estatua de un dragón que arrojaba una llama azul sobre una esfera transparente. En el interior de la esfera se hallaba una de las joyas y el espíritu de su novia. Entonces el desconocido le dijo al guerrero : La llama no te puede quemar, pues sólo quema a los espíritus, pero si rompes la esfera, tu novia desaparecerá. Entonces el guerrero pensó por un rato y planeó una alternativa. Debía salvar a su novia, pero también debía obtener la joya pues sin ella no podría conseguir que ella volviera a la vida. Entonces el guerrero tomó una decisión". Luego el viejo quedó en silencio ante la mirada atenta de los jóvenes. "Bueno, sigue contándonos" -dijo uno de ellos. "Ya he terminado las 270 palabras con sus 1.170 letras y la botella de vino está vacía. He cumplido con mi parte, es hora de que ustedes, caballeros de honor, cumplan la suya". Los jóvenes aceptaron con resignación que el viejo había cumplido a cabalidad su palabra y, así fue como un día entró a un castillo un viejo andrajoso y salió de él un caballero.

Hay quiénes dicen que dos de los jóvenes siguieron al viejo por doquier para saber cómo terminaba la historia. Algunos dicen que el viejo nunca les contó el final, otros que si les contó pero nunca volvieron al castillo, y otros que nunca pudieron encontrar al viejo.


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(1) Lo peculiar de la petición, es que estos dos números tienen algo en común. La suma de los dígitos de los números 270 y 1.170 da como resultado 9 en ambos casos. Y al sumar 9 + 9 el resultado es 18 cuya suma de dígitos también da como resultado nueve.

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jueves, octubre 19, 2006

UNA SENCILLA ACEITUNA VERDE

Sobre la alfombra rueda una aceituna verde. Una niña pequeña se dirige gateando hacia ella. Luego se detiene sobre la aceituna y la toma con sus pequeños dedos. Mientras se sienta en la alfombra, observa la aceituna fijamente entre sus dedos y luego se la hecha a la boca y comienza a chuparla nuevamente. De pronto alza la cabeza y observa a su alrededor. La aceituna rueda otra vez sobre la alfombra. Suelta un hondo suspiro y después se pone de pie.

La sala se ve repleta de sillones doblados y brazos colgando. La pequeña Carolina limpia sus manos en su hermoso vestido rosado y comienza a caminar por la sala. Mientras camina, dirige una leve mirada hacia atrás para ver a su madre que aún esta durmiendo. De pronto le viene un pequeño susto cuando choca con un sillón. Mira hacia arriba y ve al hombre de bigotes feos que está durmiendo sobre él. En el bolsillo pequeño de su chaqueta, se asoma un pañuelo. Carolina lo toma, lo observa, se lo hecha a la boca y, después de chuparlo, lo bota al suelo.

La luz del alba deja al descubierto un escenario de rostros pálidos mirando al cielo. En el aire se siente el olor pestilente de los cigarrillos fumados durante la noche que se mezcla con el olor del alcohol bebido. La pequeña Carolina suelta un ahogado estornudo de gato afirmada del sillón. Luego dirige su mirada hacia el otro extremo de la sala para ver el brillo en los lentes oscuros de un hombre joven recostado en un sofá.

Ella entiende que, aunque se encuentre toda esa gente frente a ella, nadie le prestará atención a sus gracias hasta que comiencen a despertar. Por eso permanece cómplice del silencio como si estuviera chismeando un secreto con el alba.

La luz del sol que entra por el ventanal, hace brillar sus pequeños ojos. Ahora ha dirigido su mirada a una mujer que esta sentada enfrente de ella. Carolina observa las flores estampadas en el vestido de aquella mujer. Estira sus pequeños dedos como queriendo tocarlas y con sus labios frunce un beso al aire.

Al sentir un leve movimiento de su madre, ha lanzado una mirada furtiva hacia ella. Luego, con una sonrisa de felicidad, se dirige hacia ella para abrazarla y recostar su cabeza sobre su falda. Y al pasar por la alfombra, vuelve a rodar la aceituna verde.

Quizás, cuando Carolina ya sea mayor, también asistirá a una fiesta de matrimonio y su hija la despertará con una caricia en el rostro.

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jueves, octubre 12, 2006

DE LA NAVIDAD, UN CUENTO

Aún me encuentro confundido y aturdido con lo que me ha ocurrido. Esta sensación sería solamente comparable a la reacción que experimentaría un cristiano al decirle que Dios no existe. Me cuesta asimilar lo ocurrido y sacar una conclusión razonable de este hecho.

Ya sé que me podrán tildar de loco ante lo que voy a decir, pero tuve un encuentro con el Viejo Pascuero. Viejo Pascuero o Santa Claus, o como le quieras llamar. Incluso pude conversar con él un instante, y lo más curioso de todo, es que después de este encuentro quedo con la sensación de que el Viejo Pascuero no es la persona que nosotros pensamos que es.

Déjame que te relate lo ocurrido. Habíamos ideado un plan muy ingenioso con mi esposa para sorprender a los niños en este Navidad. El plan consistía en que, mientras ella se encontraba de visita en casa de sus padres junto a los niños, yo iría a nuestra casa a las 23 horas para dejar los regalos bajo el árbol. Luego pasaría a buscarlos a la casa de sus padres, para estar de vuelta a las 12 de la noche. Todo estaba perfectamente pensado, pero el tráfico de la ciudad me jugó una mala pasada, lo que hizo que estuviera en casa a las 23.15 horas. Con el apuro no pude sentir ni puertas, ni pasos, ni ruido alguno. De pronto, y mientras me encontraba agachado frente al árbol, comencé a sentir una risa: “Jo, jo, jo”. Y al girar mi cabeza, lo vi. Un hombre relativamente gordo y de barba blanca. Su ropa era ligeramente diferente a lo que estaba acostumbrado a ver. Un gorro con forma de cono color rojo y una chaqueta y pantalón verde. Sus zapatos eran algo largos, terminados en punta, y también de color verde.

Lo único que hacía era mirarme y reír : “Jo, jo, jo”. Le pregunté : ”¿ Eres tú el Viejo Pascuero ?”. Siguió mirándome y riéndose sin responder : “Jo, jo, jo”. Luego de un rato, me dirigió sus primeras palabras : “¿ Qué ocurre cuando te pones una escafandra y observas bajo el agua ?”. Aún impactado por el asombro, no pude articular una respuesta. Al ver mi cara con la boca abierta, volvió a reír : “Jo, jo, jo”. Después me dirigió sus últimas palabras: “ Eso es lo que ocurre con tus ojos. Siempre he estado en esta casa. Ahora habito en tu perro. Y quizás en el futuro, y sólo muy eventualmente, me vuelvas a ver en esta fecha ”. Luego de estas palabras, soltó la última carcajada y se fue por la puerta del patio.

Seguí perplejo por unos segundos más, hasta que reaccioné y corrí hasta la puerta del patio, pero no se divisaba a nadie. El patio estaba tranquilo y la noche en silencio. Entonces recorrí con la mirada cada rincón del patio y constaté que todo estaba en completa normalidad. En ese momento, solté la respiración y mi vista quedó clavada en mi perro que yacía durmiendo al fondo del patio.

Hasta ese momento, podría haber pensado que todo había sido un sueño o una alucinación producto del cansancio, sino hubiera sido por una risita chillona y burlona que provenía del perro.

Existe una leyenda muy antigua, traída por los inmigrantes europeos a este país, y que dice : “Existe sólo un día en el año que es propicio. Y ese día debes encontrarte agraciado con mucha fortuna. Si se cumplen en ti estas dos condiciones, entonces quizás, y sólo quizás, es posible que puedas ver un duende”.

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miércoles, octubre 04, 2006

UN BESO INTERMINABLE

Es un hermoso beso. Este es uno de esos besos que se dan con toda la ternura del corazón. Un beso de ojos cerrados, de labios mimetizados entre la carne y la ternura. Un beso interminable como un pacto silencioso de : “No te olvidaré jamás”.

Mientras la besaba, no pensaba en esos amores eternos como los de telenovela. No pensaba en cosas hermosas. Es un sentimiento difícil de explicar, sólo comprensible para quien lo vive. La vida no es tan dulce. No es una sonrisa eterna.

Le doy un beso que es como un aliento de vida, mientras la abrazo con ternura. Cierro los ojos para no ver la camilla, ni los artefactos, ni la habitación. Cierro los ojos para recordarla. Mis pensamientos vuelan por el mar, mientras la recuerdo reír y correr. Recuerdo aquella mirada de ternura que me cautivó. Recuerdo su mano en mi hombro y un beso tierno en el oído. Recuerdo un paseo en el ocaso con las manos tomadas. La recuerdo como quiero recordarla.

Luego recuerdo el momento de la noticia. Esta maldita enfermedad que se la está llevando. Entonces la abrazo con más fuerza y una lágrima humedece mi mejilla.

Basta de maldiciones. No es tiempo de maldiciones. Deseo amarte con toda mi ternura y demostrarte que mi amor hacia ti es infinito.

Deseo verte cuando seas un ángel. Quiero ver tus alas. Déjame ver tus alas. Déjame sentir el impulso de tus alas cuando alcen el vuelo.

Déjame verte volando sobre mi y tus ojos ... tus ojos con esa mirada que me cautivó.

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viernes, septiembre 29, 2006

BAJO LOS PIES DE UNA LEYENDA

¿ Cuándo me iba a imaginar que estaría encerrado en un closet esperando el turno en que me van a matar, o a lo menos dejarme inválido ?. Desde aquí escucho los golpes que se dan, los quejidos y los gritos eufóricos de los que observan con ojos morbosos las luchas. Entre más se demoran en sacarme de este lugar, me dan más tiempo para imaginarme cómo me van a dejar y lo que me van a hacer.

Lo único que puedo decir a mi favor, es que soy una víctima de las consecuencias. ¡ Yo no buscaba esto !... ¿Qué culpa tengo yo de que la gente sea tan fantasiosa y le guste inventarse cuentos y crearse leyendas?. Tan sólo quería hacerme respetar y no permitir que se sigan burlando de mí. Por lo menos sé que después - si logro salir con vida de aquí - no volveré a confiarle ninguna palabra a ese boca suelta de el Pancho. Si de verdad pudiera hacerle daño, se lo haría.

Puede resultar gracioso lo que voy a decir, pero todo esto se inició a partir de una frase que dicté : ¡ Yo no lucho, porque el que me ha visto luchar no ha vivido para contarlo !. Y el famoso Pancho se encargó de transmitirla, proliferarla y reproducirla. Debo haberlo dicho con tal seguridad en las palabras y en el rostro, que el Pancho se quedó en silencio con una mirada de miedo y espanto. Fue una frase que se me salió, porque ya me tenía harto con sus incitaciones irónicas. Después de esa célebre frase, no se dijo ni una sola palabra más entre el Pancho y yo.

Debo decir y reconocer en este momento que la culpa no es toda de el Pancho. La culpa es de una fórmula maldita : el mensaje chismoso de el Pancho y la imaginación de los sueños escondidos de la gente a la que les contó la historia. ¡ Si ni siquiera podían creer que era yo la persona de la que hablaban las historias !. Me imaginaban más alto y más corpulento, pero de todas maneras decidieron hacer esta suerte de torneo para ver quién se medía conmigo.

Al parecer en este momento tengo sólo una alternativa, decir la verdad y así salvar mi pellejo. Pero puede que no sea así. Puede que después de conocer la verdad quieran hacerme desaparecer. Tal vez sea mejor la mentira. ¿ Qué tal si decido aceptar mi rol y comportarme como él ?. Si voy a morir por esto, desearía que fuera con dignidad.

Ya sé lo que voy a hacer - y lo haré con determinación en mis palabras y en mi rostro -. Voy a aparecer con determinación y seguridad. Me situaré en medio del ring, y diré en voz alta y altanera : “ Ha ocurrido lo que nunca esperé que sucediera. He de morir sin hacer ni el menor intento por defenderme, ya que hay mucha gente presenciando la lucha que está a punto de comenzar y siempre he deseado que nadie conozca mi ira. Y no será esta la oportunidad, puesto que no deseo que en sus mentes quede grabado el recuerdo de haber visto luchar al ser humano más despiadado y animal que ha existido en esta tierra”. De esta manera, podré desaparecer físicamente, pero seguiré vivo. Seré una leyenda... ¡ Seré inmortal !.

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lunes, septiembre 25, 2006

CIBERFÁBULA

... Y fue así como aquel disco duro de 3 Gigabytes comenzó a sentir y experimentar sensaciones totalmente ajenas a aquellos que componen el reino de los Hardware. Sensaciones, por ejemplo, como que deseaba ser un disco de 10 Terabytes y que cada uno de sus bits fueran como semillas de vida ... deseaba estallar liberando sus bytes en el espacio ... ¡ Deseaba volar!. Podríamos decir que era como un estado de locura, de esquizofrenia computarizada, o algo así.

Quizás de esta forma podríamos definir cuando un Hardware, como un disco duro, comienza a experimentar emociones más bien humanas. Un cuadro clínico bastante peculiar y complejo. Sobre todo, porque no tengo ni la menor idea de qué pudo haberlo originado. Imagina que esto está ocurriendo en tu computador ... Es difícil imaginarlo ¿no?.

En el interior de este computador, los chips, que son de una naturaleza más bien sátira, observaban al disco duro desde las placas en las que estaban insertados. Desde ahí no paraban de reírse del disco duro con una risa burlona y nerviosa. Los chips, que son bastante acelerados e hiperquinéticos, no dudaron en hacerle bromas pesadas al enfermo disco duro. Y fue así, como los chips comenzaron a provocar colisiones en el disco duro.

En aquel computador, comenzaron a haber problemas de escrituras en áreas protegidas, de desbordamiento de memoria, y otros problemas similares. Las aplicaciones comenzaron a fallar. Algunas informaban de estos errores y otras simplemente se caían. El usuario de esta máquina, después de vociferar algunas palabras contra la máquina, se empeñó en encontrar la causa de estas fallas.

Realizó pruebas de todo tipo hasta descubrir que la causa de todos sus problemas estaba en el disco duro. Entonces lo llevó al servicio técnico, quienes le dieron el ultimátum diciendo : "La única solución es formatear el disco". Sin otra alternativa, el usuario se aprontó para realizar la dolorosa labor, lamentando toda la pérdida contenida en aquel disco.

Poco antes de que el usuario presionara la tecla ENTER para iniciar el formateo del disco, al interior del computador el disco duro había comenzado a experimentar la pena. Pena de verse impedido de poder exteriorizar sus emociones. Pena por no poder concretar su deseo de ser algo más que un artefacto analógico que sólo gira y gira. Ni siquiera aquella que llamamos Tarjeta Madre, podría ser capaz de expresar un sentimiento como el de aquel disco duro.

Ahora dime ... ¿Qué habrías hecho tú en el lugar de aquel usuario? ¿Habrías evitado algo avisándole? ¿Qué le habrías dicho, o gritado? ... Créeme que cuando hice este daño, no sabía nada de esto. De haberlo sabido, no lo habría hecho. Ahora me siento como si hubiera cometido un homicidio, como si hubiera matado a un ser humano.

Créeme que, de haberlo sabido, no lo habría hecho.

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posted by Mauricio Díaz at 12:46 PM 4 comments

miércoles, septiembre 20, 2006

UN PENSAMIENTO OLVIDADO

Nuevamente me ha vuelto a ocurrir. No sé el por qué - nadie sabe el por qué -, pero cada vez que comienzo a caminar, me olvido de lo que antes estaba pensando. Me es imposible poder recordar, en este momento, lo que estaba pensando antes de comenzar a caminar. Voy a detenerme por un instante para analizar esta situación.

Es una situación insólita e incómoda esta de estar pensando en un momento - quizás en una gran idea, una nueva invención, una reflexión profunda -, y luego comenzar a caminar y olvidarlo todo. No he podido darme una explicación a este fenómeno, de hecho nadie ha podido dar una explicación. Lo único que puedo recordar es el hecho de haber pensado algo antes de comenzar a caminar. Es todo un enigma y lo peor es que me gusta caminar. Caminar y contemplar el cielo, los árboles, los pájaros, la gente. Caminar en silencio y contemplar. Y luego detenerme en un banca y descansar. Quizás será por mi personalidad reflexiva que acostumbro a realizar este ejercicio.

¿Habrá una forma de poder preservar mis pensamientos?, ¿Existirá un medio de poder recordarlos?. Si sólo existiera una forma de poder relacionar mis pensamientos a algo, así como, por ejemplo : al contemplar el mar recordamos el amor, al observar una golondrina pensamos en la fragilidad, y al acariciar un conejo pensamos en la ternura.

Tengo que pensar en una solución. Vamos a ver ... ¿De qué manera se preservan los pensamientos? ... ¡La escritura!. En los libros están contenidos los pensamientos de los escritores; en un cuaderno ajado los poemas de la adolescencia; y bajo candado las reflexiones de un diario de vida y, de esta manera, los podemos recrear una y otra vez.

¡Eso es! . Cuando salga a caminar llevaré conmigo un lápiz y un cuaderno y anotaré mis pensamientos. De esta manera podré recordarlos ... ¡Que buena idea!. En este mismo instante iré a mi casa a buscarlos y así ... pero ¿qué es lo que ...?. Oh no!. Nuevamente me ha vuelto a ocurrir. No sé el por qué, pero cada vez que comienzo a caminar, me olvido de lo que antes estaba pensando.

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posted by Mauricio Díaz at 1:24 PM 2 comments

miércoles, septiembre 13, 2006

AÑORANZA

Cuando observo aquella flor en el macetero de mi ventana encogerse día a día para volverse semilla, pienso que a pesar de que ha transcurrido un mes de lo sucedido, aún no nos acostumbramos a la idea de admitir que todo ha cambiado. Si recién ocurrió el mes que viene y aún estamos esperando que todo vuelva a la normalidad. Sólo sabemos que algo le ocurrió a la Tierra. Los relojes con manillas comenzaron a girar en sentido contrario y los relojes digitales parecían indicar la cuenta regresiva del fin del mundo. Quizás sea por el hecho de que nunca sabremos qué fue lo que hizo que la Tierra comenzara a girar en forma distinta y el Tiempo empezara a retroceder, que nos comportamos de esta manera, como no queriendo aceptar que nada volverá a ser como antes.

Nos es difícil acostumbrarnos a que el mañana es ayer y el ayer es nuestro mañana. Cuando los libros decían : “lo que será, ya fue”, hacían una metáfora refiriendose a lo cíclico de la vida (los hechos se van repitiendo en tiempos distintos). Ahora ya no es una metáfora. Lo cierto es que vivimos sin futuro y eso, según la tradición y la costumbre, no es bueno y, entonces, nos apenamos.

Hasta mañana pensaba que todo esto era muy trágico, pero hoy veo las cosas de otra manera. Quizás esta situación no sea del todo mala. Quizás podamos alcanzar la felicidad a pesar de todo. Hice el intento de imaginar lo que vendrá y, entonces, me llené de optimismo al pensar que volverá a juntarse lo que estaba separado; volverá a edificarse lo que fue destruido; volverá a vivir lo que estaba muerto; volveremos a recordar lo que habíamos olvidado; y volveremos a recuperar lo que habíamos perdido. Esta añoranza que, en ocasiones, nos provocaba frustración y una amarga nostalgia por el tiempo pasado, se transformaría en una alegre y anhelada espera sin la acostumbrada incertidumbre por lo que vendrá.

Pienso que este es el primer paso para resignarnos a aceptar los hechos : nuestra vida ha cambiado. Y no es ni malo ni bueno. Tan sólo es eso : ha cambiado. Tendremos que adaptarnos a estos cambios, como ocurrirá millones de años en el pasado y, de esta manera, seguir demostrando que somos seres nacidos para habitar este mundo y que pertenecemos a él.

Mantener vivo el espíritu del desafío primario de la existencia humana nos hace elevar nuestro ego. Sólo hay una cosa que me apena al pensar : ayer será el día que esperé no volver a vivir nunca más en mi vida.

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lunes, septiembre 11, 2006

NOSTALGIA DE UN DESEO

Fue una buena idea esta, de salir de la ciudad por el fin de semana, y venir a la costa para estar solo y sentir la brisa y el aire de mar. Hace tanto tiempo que no me tomo un descanso. Espero que Pamela, mi novia, lo sepa entender. Mi trabajo me consume. Eso de estar encerrado en una oficina doblándome la espalda para ser el mejor y, así poder dar lo mejor a mis seres queridos, me está consumiendo. Mi pobre Pamela, hace tanto tiempo que me está preguntando que ¿ Cuándo nos vamos a casar ? y yo le digo que se espere. Que yo le compraré una hermosa casa, toda alhajada por dentro, para que ella sea feliz.

A veces pienso en tanto esfuerzo y cansancio y, mientras tanto, el tiempo se nos va. Ciertamente, no sé si ese tiempo se pierde o es que se nos va gastando. Lo único que sé, es que se va y no vuelve más.

Hum. Que hermosa noche. Hace tanto tiempo que no veía una noche estrellada, que me parece que fuera la primera vez. Aquella gran ciudad, con sus luces y humaredas, no me deja verlas. Parece como si la ciudad fuese una gran prisión y nosotros sus prisioneros.

Que hermoso lo que acabo de ver en el cielo. Una estrella fugaz. Pediré un deseo: “Deseo que el tiempo se detenga por un instante”. Respiro hondo, miro hacia el cielo y sonrío.

De pronto, y creyendo que estaba solo en ese lugar, siento una mano que toma mi hombro y reacciono asustado. “Disculpa, no quise asustarte -me dice el hombre que estaba a mis espaldas- es que me ordenaron detenerme para complacer tu deseo”. No podía creer lo que estaba viendo. Estaba frente a frente, cara a cara, con el tiempo. Entonces, y antes que yo pudiera decir algo, me tomó la mano y me dijo : “Vamos. Acompáñame”. Me introdujo en un tubo invisible, como de aire, y comenzamos a caminar por él. A través del tubo podía ver, fugazmente, cómo pasaban por nuestro lado los días y las noches, los veranos, los otoños, los inviernos y las primaveras, en sólo fracciones de segundos. De pronto, el tiempo me toma del brazo y me señala hacia un costado del camino. “Mira, ese eres tú y te estas casando”. Estaba asombrado de poder observar mi futuro y ver el rostro de felicidad de mi querida Pamela. A medida que íbamos avanzando por el camino, el tiempo me iba mostrando algunos momentos significativos de mi vida futura, como si fuera el turista de un tour. Fue así como pude contemplar el nacimiento de nuestra hermosa niña y luego ver su crecimiento. Pero, como el tiempo es sabio, también me mostró momentos duros, como lo es la pérdida de mis padres. De pronto, me hizo observar lo que no estaba preparado para ver. “Mira, ése es el fin de tu matrimonio”. Asombrado por lo que estaba viendo, le pregunté : “¿ Y cómo ocurrió ?”. “Tu afán por el trabajo te hizo ciego, y no te distes cuenta que estabas perdiendo a tu esposa y, también, a tu hija. Ellas huyeron de ti”. Entonces me di cuenta de lo estúpido que había sido al perder de vista el por qué y para qué trabajaba. Entonces, tomé al tiempo por el brazo y le dije : “Alto. Volvamos. Quiero volver”. Pero al tiempo pareció no gustarle esto y, con una mirada de disgusto, me dijo : “Yo no vuelvo atrás”. Luego de esas palabras, me lanzó fuera del tubo.

Ahora que el tiempo ya se ha ido y me encuentro viviendo en un momento que no deseo, veo mi vida con nostalgia.

¿ Cuántos hombres han deseado poder ver el futuro para evitar cometer errores y, sin embargo, siempre nos quedamos mirando con nostalgia el pasado sin querer aceptar que el tiempo pasa y no vuelve atrás ?.

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posted by Mauricio Díaz at 9:58 AM 1 comments

viernes, septiembre 08, 2006

SOLO UNOS SEGUNDOS

Discúlpenme, pero no puedo detenerme para explicarles. Estoy apurado, pero no me dirijo a ninguna parte. Lo que pasa es que ... Bueno, estoy transitando por la Plaza de Armas y hace poco rato he hecho un gran descubrimiento. Esto me tiene en este estado tan alterado. Me siento inquieto y no sé cómo ... Ya sé. Me voy a sentar en esta banca y ... Mi cuaderno. Sí, voy a escribir en este cuaderno las visiones que estoy recibiendo en este momento :

Dentro de un momento, se dirigirán hasta este lugar una pareja que ya se está sentando junto a mí. Pero en unos segundos más, mi presencia les incomodará y ya se han marchado. Esperen. En unos segundos más, un grupo de palomas ya se han parado frente a mí. Pero dentro de un instante, ya están volando por culpa del perro que ha detenido su carrera frente a mí. Dentro de unos segundos, su amo ya lo ha llamado. Pero, en unos segundos más, ya se ha escapado de nuevo. Alto. Dentro de unos segundos, el carillón está indicando que son las doce del día. Pero, esperen. Dentro de unos segundos ...”.

Ya me cansé de escribir. Estas visiones son más rápidas que mis manos y mi voz. Es imposible ganarle al tiempo.

¿Qué gano con anticipar el futuro en unos segundos, si cuando lo comienzo a contar, éste ya me alcanzó?.

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posted by Mauricio Díaz at 8:56 AM 5 comments