COMO JOTES


Los pescadores remolcaron al enorme pescado como si fuera un sidecar de la lancha. Era un pez enorme. No pudieron elevarlo para ponerlo en cubierta, así que sólo lo remolcaron. Y lo hicieron con gran dificultad. Además de grande, era pesado y hacía lento el avance de la lancha pesquera. Sus tripulantes se sentaban en hilera al lado opuesto de la lancha al que estaba atado el enorme pescado para evitar que se inclinara. Pero pese a las dificultades, el orgullo por el trofeo que habían pescado fue más grande que el tedio del viaje de vuelta.

A medida que se aproximaban a la costa, se podía distinguir cómo se iba reuniendo el comité de bienvenida. El ansia crecía en los pescadores de la lancha. El ansia crecía también en la orilla. Cuando el gran pescado encalló en la playa, se abalanzaron sobre él, gritando y aleteando. Las carroñeras gaviotas se atropellaban unas contra otras, mientras los jotes esperaban expectantes. Entonces los pescadores descendieron de la lancha para reprender y atender los gritos de los carroñeros. Todos querían llevarse algo. Todos querían su parte. ¿Me pesa un kilo, por favor?, gritaba una; ¿le puede sacar la piel, si no fuera mucha la molestia?, gritaba otra; ¿cuánto cuesta el medio kilo?, gritaba otro en medio del gran barullo.


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