No es grato comer junto a mí. Debo reconocerlo. Sin embargo, yo no acepto ese rechazo. O sea, las personas tienen una percepción errónea sobre mi forma de comer. Comes como un chancho, me dicen. No, lo que pasa es que tú no sabes disfrutar de lo que comes, les respondo. Todo esto no quita el hecho de que no es grato verme con la boca llena de comida. He visto las fotos y hasta a mí me cuesta verlas con agrado y, sin embargo, es la única forma en que concibo que se debe disfrutar la comida. Con frecuencia olvido que algunos sabores me hacen salivar y yo termino con la camisa manchada (o la polera, dependiendo del lugar y las personas con que me encuentre en ese momento), si es que antes no he tomado la precaución de ponerme una servilleta bajo la barbilla. En ocasiones, incluso los pantalones terminan manchados de comida y saliva. Ya sé que se ve asqueroso pero, como ya dije, no me importa.
¿Tú sabes que la Gula es un pecado capital?, me dicen algunos riendo y con aire de intelectualidad, como haciendo la gracia de contar un chiste de doble sentido. ¿Y tú no te has sentido un pecador comiendo en un restorán costoso, mirando por la ventana niños pidiendo monedas para comer?, les respondo con tal ironía que me llega a dar gastritis. No me interesa dar más explicaciones que esas ¿Por qué debo dar explicaciones? ¿Acaso debo rendir examen de Buena Conducta ante seres moralmente superiores? No tengo por qué hacerlo. Además, no lo comprenderían. O me tomaría demasiado tiempo el explicárselos. Sí, creo que esa es la razón principal: el tiempo excesivo que me tomaría en explicar (a personas que no me interesan) y que pierdo en el buen disfrute de la comida. Aunque, a decir verdad, toda la explicación se resume en una sola palabra: Umami.
Mi familia me conoce bien y ha aceptado mi forma de comer, porque entiende que no se trata de gula. Entienden que no es un apetito excesivo por la comida y la bebida, o los postres, las ensaladas, los aperitivos o los bajativos. No es por uno en particular, sino que por todos al mismo tiempo. Esta incomprensión de parte de algunas personas, me provoca un mal gusto tremendo ¿Por qué a quienes sienten un apetito excesivo por la bebida, les llaman Alcohólicos (o borrachos) y a quienes sienten el mismo apetito por la comida les llaman chanchos? Si fuese realmente un chancho me vería obeso como ellos. Por el contrario, me veo delgado. Claro que no tan delgado como mis amigos Eduardo Inzuna y Martín Waldspurger, que parece que no comieran nunca. Ellos están muy lejos de parecerse a los que me llaman chancho. En cambio, hay que ver a estos señores cuando se meten en el refrigerador de su casa a escondidas, sin que nadie los vea, a hurgar en lo que hay para comer. Esa es la verdadera actitud de un chancho, pero lo hacen a escondidas y se limitan a apuntar con el dedo a otros. Son unos cerdos hipócritas.
El Umami es otra cosa. Algunas personas sienten antojo por algo salado de pronto, y luego les bajan unos deseos de probar algo dulce. A otros, lo amargo y lo ácido puede ser tentador. Recuerdo que a mi madre le bajaron unos antojos de pepinillos ácidos en el embarazo. Se le hacía agua la boca. A mí me gustan todos esos sabores al mismo tiempo. Eso es el umami.
Se dice que la lengua tiene sensores para cada uno de estos sabores distribuidos en toda su superficie. También les dicen papilas gustativas. Yo les llamo sensores de gusto. Hay unos que son para los sabores amargos y otros para los dulces. Los hay para distinguir lo ácido y también lo salado. Incluso hay sensores para diferenciar los tipos de grasas, pero esos aún no los comprendo del todo. Los que sí comprendo en plenitud son los sensores del umami. De hecho, mi lengua está repleta de ellos y no tengo los otros tipos de sensores. Sólo papilas gustativas para el umami ¿Comprendes ahora por qué debo echarme toda la comida a la boca para poder disfrutarla? Soy consciente de que no es un espectáculo agradable de apreciar, pero es la única forma que tengo de disfrutar lo que como.

Comentarios