“Yo no me he ido de aquí
Sigo luchando y lo hago hasta el fin”
- Nelson Schwenke
Aquel día de octubre de 2019 se agotaron las palabras. A pesar de lo dicho y escrito con palabras, estas fueron ignoradas. La esperanza fue agotada, la paciencia consumida y la tolerancia excedida. Entonces la explosión ocurrió. El país se encontraba convulsionado. El pueblo estaba herido y tan sólo gritaba y se quejaba. La herida llevaba mucho tiempo supurando y no sanaba. Esta vez, el pueblo estalló y protestó ante quienes le estaban produciendo el dolor. Tan sólo rumiaba injusticia, intolerancia y rechazo. Con rabia y odio hacia quienes abandonaron la responsabilidad por el Bien Común y las cambiaron por risas burlescas. Indiferencia ante el dolor. Indignación sin control.
Desde un rincón alejado, las palabras observaban esperando el momento de volver. Ya nadie las usaba, pues sólo gritos y protestas se escuchaban. Y quienes producían el dolor no tenían argumentos para defender sus violentas acciones, por lo que, en vez de palabras, usaban el desprecio. Entonces, las palabras esperaban expectantes para volver aparecer. Seguras estaban de que tenían mucho que decir para llenar de significado lo que al pueblo le estaba ocurriendo. Lo que todos necesitaban decir y lo que todos necesitaban oír. Seguras de su valencia, se sabían la cura para tanto dolor. Se sabían necesarias.
Cuando Nelson pensó en una hoja blanca sobre la mesa y una pluma estilográfica al lado de esta, las palabras sonrieron de alegría. Pero no tenía tales elementos al alcance. Así que tomó un pedazo de tela y unos pinceles de colores para escribir su discurso. Las palabras alegres contemplaban cómo se estaba preparando el altar para invocarlas y honrarlas. El interior de Nelson también estaba preparado. Corazón y mente limpios, sanos y dispuestos. La ira y el odio habían sido expulsados para que la tolerancia abriera los brazos, la paciencia respirara hondo y la esperanza volviera.
La palabra “Queridos” fue la primera en ser arrojada a la tela. “Chilenos” y “Compatriotas” se prepararon con entusiasmo para salir a continuación, pero fueron “hermanos” y “hermanas” las que emergieron del pincel de Nelson. Como en un gran baile de celebración, las palabras se abrazaban danzando y esperando su turno para saltar a la pista. Las palabras volvían a debutar. “Quiero”, “deseo” y “Anhelo” iban siendo dibujadas sobre la tela para ir construyendo el sentido discurso de Nelson. “Abrazar”, “unir”, “tejer” y “fundir” fueron los verbos invocados para guiar la acción en su alocución.
Como si fuesen dos clavadistas de la Quebrada de Acapulco, “Nunca” y “más” se abrazaron como un yunta de bueyes para arrojarse en picada sobre la tela y, tras ellas, fueron precipitándose “violencia”, “intolerancia”, “desprecio”, “injusticia”, “tortura” y “muerte”. Al párrafo siguiente, las palabras fueron emergiendo en parejas desde el pincel. Así “riqueza” iba de la mano con “espíritu”, “amor” con “prójimo”, “bienestar” con “común”, “colores” con “radiantes”, “vida” con “digna” y “siempre” junto con “unidos”.
Nelson hizo una pausa. Había llegado al final de su perorata. Era necesario exprimir hasta la última gota de sangre de su corazón para verter las palabras finales sobre la tela. Quizás fuesen las últimas palabras que dedicaría a las personas con las que convivió en el mismo país por muchos años. Aquella pausa llevaba consigo unas gotas de nostalgia, pena y melancolía. Las últimas palabras son así y todas las despedidas son portadoras de ellas. Por lo que, con mano muy suave y tierna, Nelson escribió la última frase sobre la tela: “Así como la muerte ya ha obrado en mi, deseo que en ustedes lo haga la vida.”

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Este cuento está incluido en una antología que, esperamos, vea la luz este 2021. Un abrazo y gracias por comentar.