NO FUE MI INTENCIÓN HACERLO CHILENO

Las tres tejedoras estaban sentadas cerca de la estufa a leña, concentradas en sus tejidos. La lluvia con ventisca fustigaba desde el exterior, pero en el interior de la cabaña, aquella lluvia era música. En el interior de la cabaña, el tiempo se detenía. O, más bien, transcurría muy lentamente. Cada una de las tejedoras urdía en silenciosa calma su tejido. Es su propia voz la que emerge desde ellas y toma forma en el tejido. Por eso la lluvia es el único sonido, pues de otra forma no podrían oírse interiormente cada una.
Camila, la menor de las tres, piensa en la danza mientras sus manos van urdiendo un atrapasueños. Su sueño es ser bailarina y su imaginación la transporta a escenarios donde su cuerpo va dando forma a movimientos que van dibujando una representación de la armonía, que los demás pueden contemplar y acoger y, de esta manera, Camila desea hacer un bien común con su arte. El cuerpo es una cárcel del alma, piensa Camila, y la danza es el medio en que ella se puede liberar. Tiene facilidad para memorizar coreografías que se graban en cada músculo de su cuerpo y que luego brotan de forma natural de ella. Camila no habla mucho, en general; sin embargo, cuando baila parece que hablara hasta por los codos. La felicidad que refleja su rostro es contagiosa y ella siente que bailar es lo que le da sentido a su vida, pero nunca ha podido desarrollar este arte. Por eso teje atrapasueños. No para atrapar pesadillas y permitir que los sueños viajen, como lo hace todo el mundo, sino por todo lo contrario. Ella desea atrapar estos sueños de ser bailarina para poder darles forma y existencia.
Por su parte, Elena confecciona enormes mandalas con lanas y varas de tarugos de un metro. Elena es la mayor de las tres tejedoras. Sus manos van dibujando las líneas que su voluntad va trazando. Ella desea construir un sol luminoso que se pueda llevar a todas partes y que lleve luz donde quiera que ella vaya con él. Elena siente que esa es su misión: Ser luz que ilumina el camino de los demás. Llevar luz donde hay oscuridad. Alegría donde hay tristeza. Los colores se adhieren a sus dedos, mientras va tejiendo su mandala, pues la armonía va con ella. De hecho, la armonía brota de ella. No necesita pensar en ellos, sino que sólo dejar que salga y se vaya construyendo solo. Cuando Elena teje mandalas, se puede percibir un pequeño halo de luz alrededor de su rostro, pero ella no es consciente de ello. Tan solo desea atrapar el sol en un mandala, porque piensa que el amor está contenido en él.
Entre ambas tejedoras se haya Susana, quien se afana tejiendo pequeños cuadrados a crochet para construir una manta de cama. Ella teje cada cuadrado pensando que es la manta entera, pues siente que cada parte de aquella manta es la manta misma. A pesar de ello, cada cuadrado tiene colores distintos que armonizan entre sí y que, al unirlo a los demás, forman una hermosa manta. Su sueño es ser escritora, pero no para escribir ficción, sino que sobre la realidad. Aquella realidad que está frente a nuestros ojos y no podemos o no queremos ver. La realidad que nos rodea se compone de pequeños eventos que parecen aislados, piensa Susana, y es necesario que alguien los una para que los demás puedan contemplarlos. Susana nunca ha tenido un lápiz y un papel; sin embargo, siente que escribir es lo que dará sentido a su vida. Por eso construye aquella manta de cama con solo cuadrados pequeños tejidos a crochet.
En un momento, Elena levanta la vista y ve a sus dos hermanas tejiendo en silencio junto a ella, y piensa: Que bueno que a ambas les gusta tejer y no ocupan su tiempo en pensar en otras cosas que están fuera de nuestro alcance. Es mejor que se conformen y sean felices con lo que tienen y no vivir deseando aquello que nunca podrán tener, y lamentarse por ello. Un pájaro en mano es mejor que cien volando. Y si eres feliz con él, mejor aún. Nada se gana con lamentar los noventa y nueve que nunca tendrás. Me gusta ver a mis dos hermanas siendo felices tejiendo y no soñando con otras cosas lejanas. Y yo soy muy feliz por ello, ya que yo fui quien les enseñó a tejer y siento que llevé luz a cada una, y eso me hace muy feliz. Creo que mi vida tiene sentido por ello. Luego, Elena agacha su cabeza y vuelve a su afanoso trabajo de terminar su mandala Sol.
Entonces, es Camila la que detiene su tejido y observa a sus dos hermanas, y piensa: Que bellas se ven mis hermanas mayores tejiendo. Se nota que les gusta y lo disfrutan. A mí me gustaría bailar para ellas, en este momento, para mostrarles lo feliz que me hacen, pero temo interrumpir su concentración. Cuando veo sus dedos danzando con la lana y tramando sus tejidos, me imagino bailando entre sus dedos. Es mi cuerpo el que desea hablar y narrar y contar y cantar, pero estoy atada a este tejido que debo terminar para que Elena sea feliz. Sin embargo, ello no detiene el baile que ocurre en mi mente, donde puedo saltar, girar y volar como una bailarina por los escenarios más hermosos que mi corazón desee visitar. Jamás dejo de danzar, aunque mis pies están quietos. Tan sólo deseo que este atrapasueños sea el que atrape este ansiado sueño. Luego de un suspiro, Camila vuelve a centrar su atención en el tejido que tiene frente y así continuar con su labor.
Ahora es Susana la que hace una pausa en su tejido y contempla a sus dos hermanas, y piensa: cada una de nosotras somos un cuadrado de un tejido mayor. Cada una de nosotras experimentamos la soledad de sentir que sólo somos un cuadrado aislado y solitario. Elena piensa que es el cuadrado que debe proteger a los dos cuadrados que les tocó cuidar. Camila siente que es el cuadrado que debe hacer feliz al cuadrado mayor. Y yo soy la que las une a ambas. Cada una cumple una función en este gran tejido y siento que soy la responsable de mostrar esto a mis hermanas. Y creo que es lo que haré con el tejido que estoy terminando: contar la historia de tres hermanas que viven solas, que tienen sus propios sueños y que, sin embargo, están atadas al mismo tejido. Me va a quedar tricolor eso sí, con el blanco, azul y el rojo, pero no fue mi intención hacerlo chileno.

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