UNA ESTÚPIDA MASA DE MÚSCULOS


Nunca pensé en llegar hasta donde he llegado. Adoro mi trabajo. Adoro a mi jefe y él me adora a mi. Sus fans también lo adoran a él y yo no soy uno de sus fans. Soy el guardaespaldas de una superestrella de la canción.
Creo que, ser guardaespaldas, es lo único que sé hacer bien. Siempre he sido una estúpida masa de músculos que nunca le fue bien en los estudios. Nunca me destaqué en ninguna asignatura del colegio. Nunca entendí ninguna asignatura del colegio. Nunca me quisieron en el colegio.
Afortunadamente para mí, logré convencer a aquellos mejores compañeros en cada asignatura para que me ayudarán. Tenía facilidad para convencerlos de que me hicieran las tareas y las pruebas. A cambio, yo los protegía de que no los golpearan en los recreos. Y yo era el único que golpeaba alumnos en los recreos.
Cuando finalicé la enseñanza media, llegó el momento de elegir la profesión que ejercería por el resto de mi vida ¿médico, abogado, arquitecto, ingeniero, profesor, psicólogo, antropólogo, sociólogo? No quería nada eso y, mucho menos, quería destinar cinco años de mi vida a seguir estudiando. Entonces, para resolver este conflicto y tomar una buena decisión, utilicé el método que he usado por muchos años: tomé por el cuello a uno de los mejores alumnos y le pregunté ¿Qué profesión me ves haciendo por el resto de mi vida?. Y él me dió la respuesta que me necesitaba: lo que siempre has hecho. Un maldito matón guardaespaldas. Fue tan hermoso oír eso.
Así es cómo llegué adonde nunca pensé llegar. Mi jefe es muy famoso, pero yo lo cuido. No dejo que nadie se le acerque y no lo dejo conversar con nadie. Lo cuido. A veces me dice que le gustaría cambiar de guardaespaldas y yo lo convenzo de que no le conviene, que sólo yo lo protejo como nadie. y él me mira con sus ojos bien abiertos y mueve su cabeza afirmativamente. Lo cuido. Otras veces me dice que no quiere tener guardaespaldas y yo lo tomo por el cuello y le digo que nunca dejaré que haga eso, porque yo lo cuido. En otras ocasiones, soy yo el que le pide un aumento de sueldo y él me mira con sus ojos bien abiertos y mueve su cabeza afirmativamente, porque sabe que lo cuido.

Adoro mi trabajo. Adoro a mi jefe y él me adora, a pesar de ser una estúpida masa de músculos.




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