ESCONDIDA

Ahí te veo.
Te veo con el rostro escondido, detrás de un árbol, contando hasta diez. Te veo tras aquel árbol de aquella plazoleta que queda frente a mi casa, cuando tengo 6 años y jugamos a las escondidas. Te veo, pero luego desapareces. Ya no estás.

Ahí te veo nuevamente.
Te veo en el colegio. Tengo nueve años y estamos en el mismo curso. Cuando salíamos de clases, nos vamos caminando juntos hacia nuestras casas. Yo debo cuidarte porque, por alguna razón que no logro recordar, me designaron tu protector. No debes cruzar sola aquella avenida tan transitada y peligrosa, por lo que debemos esperar, en una esquina, la señal para que puedas continuar tu camino sola y yo poder seguir rumbo a mi casa. Te veo alejarte, pero luego desapareces. Ya no estás.

Ahí te veo, una vez más.
Te veo en la fiesta de octavo. Es la última fiesta, la de despedida, y ya no soy tu protector. Por fin, sólo me debo preocupar de pasarlo bien. Fumo y bebo alcohol, por primera vez y a escondidas. Los inspectores no nos ven. Algunos chicos comienzan a retirarse temprano, porque los van a buscar o no les dan permiso hasta más tarde. Veo que también te vas (con un chico de otro curso). Te veo despedirte, pero luego desapareces. Ya no estás.

Ya no te veo.
Intento buscarte y no te encuentro. Sin embargo, sé que estás escondida en algún rincón de mi memoria. Cuando te halle en mis recuerdos, recordaré el nombre del rostro que he visto hoy en la calle.

Comentarios