Él no sabe
que siento su presencia cuando me espía. Que sé que cuenta las gotas de stevia cuando me sirvo el café con leche al desayuno. Que me observa cuando me peino ante el espejo del baño y muevo mi cabeza de lado a lado, nerviosa de sentir que me espían en el baño. Y cuando, al salir de mi casa al trabajo, no sabe que levanto la mirada al cielo, parada en el marco de la puerta abierta, pensando: por fin me libro de aquellas miradas que me acosan.
Él no sabrá
que nuestro pololeo fue divertido. Que lo pasé muy bien con alguien que me consentía en todo, pero que eso no bastaba para sentir que tenía un compañero al lado. Que todas esas actitudes melosas, me tenían harta. Que yo me quería separar de él antes de su berrinche de mocoso y, por esa razón, en cuanto supe que estaba embarazada, no le dije nada a él.
Él no supo
que mi embarazo fue un secreto para él, porque no lo quería como marido. Que, para formar familia, necesitaba alguien que fuera mi fortaleza y mi soporte y no otro hijo más. Nunca supo que, el hijo que espero, no es de él. Nunca supo que yo no deseaba que se quedara conmigo por siempre.
Comentarios