Bicirelatos #2: AMOR A PRIMERA VISTA

Fue amor a primera vista.
El brillo de su marco cromado. La curva que forma su manubrio y los flecos rosados que colgaban de él. Su canastillo blanco. Y sus pedales del mismo color. Mis ojos no podían apartar la mirada. Sentado en el cerco del jardín de mi casa, la veía pasar todos los días.
Ella no era para el gusto de los más jóvenes, que las prefieren más livianas y altas. Ella tenía la talla y peso adecuado, y su esqueleto cromado brillaba al sol. Una verdadera belleza.
Un día, cuando abría el portón del cerco de mi casa, me encontré con ella de improviso. Mi corazón dio un salto. Me invitó a dar un paseo juntos. Yo acepté animadamente, aunque de mi boca se negaban a salir las palabras. No había palabras para describir lo que se siente estar ante un deseo cumplido.
Adoraba cada vez que paseaba junto a ella. Sus flecos se movían gráciles al viento y su esqueleto se tornaba de color mate al caer la tarde. No deseaba nada más.
Un día, tomé la decisión de casarme con ella. No me casé con la bicicleta... aunque, en cierto modo, es lo que hice.

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