¿A dónde vas?

No sé cómo llegué aquí ni qué hago. Lo único que puedo percibir es una mujer de vestido rojo que se aleja caminando en sentido contrario. No está nada de mal, debo agregar. Sin embargo, siento que mi destino está en la otra dirección; así es que lo mejor será girar y encaminar mis pasos en esa dirección.

De pronto, siento que me toman por el brazo, desde atrás. Me giro, observando la mano que me ha tomado por el codo, y luego alzo los ojos para encontrarme con los de la mujer del vestido rojo.

- ¿A dónde vas?- me pregunta.

¿Es esto real?, me pregunto, mientras intento encajar los sucesos en una serie coherente de causales. Aún así, no logro encontrar las causas que llevaron a que, aquella mujer de vestido rojo, me dirigiera la palabra.

- Me dirijo a mi casa.- es lo único que atino a responder.

Sus ojos penetrantes me estudian. Siento como si intentara leer mi mente. O, tal vez, detectar algún signo de mentira en mis rasgos.

- Llévame contigo.- fue su sorpresiva oferta.

¿Es esto real? ¿Me está poniendo a prueba? ¿Será una pitanza? ¿Me estarán grabando? Arrugo mi frente, mientras la observo a los ojos, intentando estrujar mi mente en busca de algo que me ayude a explicar cómo es que esta bella mujer de vestido rojo, se detiene a hablar conmigo y se ofrece a acompañarme a mi casa. Ahora soy yo el detector de mentiras.

- Lo siento, pero no puedo llevarte conmigo. Sería una situación incómoda para mi esposa e hijos.- miento.

Ella pone una cara de sobresalto. Como si no fuese la respuesta que esperaba. Una mujer como ella, no debe estar acostumbrada al rechazo. Hay que ser muy tonto para rechazar a una mujer así.

- ¿Es que, acaso, no te gusto? ¿No soy atractiva para ti?.

- No es eso. Eres atractiva. Y mucho. Pero ... ¿Cómo te lo explico? No te sientas mal por lo que te voy a decir. No es nada en contra tuyo (eres muy bella. No dudes de ello). Es sólo que ya encontré a la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida. Entonces, dime tú ¿Para qué voy a estropearlo todo, si ya encontré lo que andaba buscando?

- No te estoy ofreciendo nada serio. Es sólo para pasar el momento.- arremetió, en un nuevo intento.

- Puede que para ti sea algo pasajero y sin sentimiento. Para mi no es así. No me tomo estas cosas a la ligera. Es algo profundo lo que siento por mi mujer y no logré esto por pensar superficialmente.

Sus hombros caídos reflejaron los signos de una derrota inesperada. Definitivamente, una mujer tan bella como ella, no está preparada para el rechazo. Su vestido, su maquillaje, peinado, zapatos, cartera... todo ha sido escogido para ganar la apuesta. Sumado a eso la belleza que ella sabe que posee, no hay hombre que se pueda resistir y, sin embargo, heme aquí: yo, la excepción.

De alguna forma, esto logra darme valentía. He resistido y superado la manipulación de una depredadora de gran nivel. No ha podido con esta presa. Ahora soy yo el que tiene el control. Ahora es ella la presa. La que pasa de ser mujer a niña. La que está a punto de llorar.

- Espera. Levanta la vista y mírame a los ojos -le tomo la cara con las dos manos y la obligo a mirarme-. Ten confianza en ti misma. Eres bella y atractiva. No necesitas andar demostrándolo a cada momento. Sólo debes creerlo y nada más. Si necesitas que los demás te lo digan o demuestren, es poque tú misma no lo crees. Cree en ti.

Y, así, llegó el llanto. Y luego, el abrigo de un abrazo. Y apareció la niña. Que es similar a la sensación de desnudez, pero esa desnudez que no es erótica. Vulnerable. Rendida. Abatida.

- ¿Qué haré ahora? Me avergüenza lo que he hecho. No me atrevo a mirarte a los ojos ¡Qué vergüenza!.- mientras se encoge aún más bajo mi abrazo.

- No te preocupes. Todo tiene arreglo. Yo tengo un talento único: puedo borrar episodios de mi mente. Haremos lo siguiente: tú secarás tus lágrimas, te darás la vuelta y caminarás en esa dirección; y yo, borraré todo lo ocurrido de mi mente y daré la vuelta para dirigirme hacia el otro lado, y será como si nada hubiese pasado ¿de acuerdo?.- respondió afirmativamente, moviendo su cabeza incrustada en mi pecho.

Levanto su cara con mis dos manos. Le sequé las lágrimas de la mejilla. Le dediqué una sonrisa. Le hice “adiós” con la mano. Le tomé los hombros y la giré y, ella comenzó a caminar, tímidamente, en esa dirección. A cada paso que daba, iba ganando en confianza. Hasta que estuve seguro de que el episodio se había superado. Entonces, borré todo aquello de mi mente.

* * * *

No sé cómo llegué aquí ni qué hago. Lo único que puedo apreciar es una bella mujer de vestido rojo que se aleja caminando en sentido contrario. No está nada de mal, debo agregar, pero siento que mi destino está en la otra dirección.

De pronto, siento que me toman por el codo, desde atrás. Me giro y veo a la mujer del vestido rojo.

- ¿A dónde vas?.

Comentarios

Sandra dijo…
Al leerte me da la sensación de que quieres crear un texto que recree una película, me gustan los texto in extrema res, porque juegan con el tiempo, y no es simple hacerlo. Los que te leemos no estamos acostumbrados a esta forma, pero como escritores debemos darnos licencias como estas, me gusta: El texto y el tiempo del relato.
Mauricio Díaz dijo…
No me había dado cuenta que el relato está contando tan en primera persona, que resulta en una sucesión de imágenes... y reflexiones. Es un texto muy visual, como una película.
Y, claro, me encanta jugar con la mente del lector.
Gracias por tus comentarios siempre acertivos... y empáticos, entre escritores.
Sandra dijo…
yo también busco lograr generar sensaciones mediante el texto, la sorpresa, pena, ternura, en fin. Es satisfactorio cuando el texto provoca una sensación, y esa sensación coincide con la que nosotros queríamos mover al interior del lector.