Póngase cómodo en el sofá. No se ponga nervioso. Relájese y siéntese tranquilo. Esta entrevista no le tomará mucho tiempo. En un momento comenzamos; así es que, póngase cómodo.
Bien.
Hábleme de su Padre.
¿Cómo?¿A qué se refiere?
Dígame lo que piensa de él. Si está conforme o no... sus impresiones.
Qué pregunta más extraña. Como si uno pudiese elegir a su Padre. A uno le tocó el que le tocó y punto.
Muy bien. Tiene razón. Cambiemos de pregunta. Dígame lo que piensa de él. Partamos por las cosas que le gustan ¿Le parece?
¿Lo que me gusta de él? No mucho, la verdad. ¿Qué le puedo decir?. Le puedo decir “papá”. Eso puede ser. Hay otros que no tienen a quién decírselo. Y cuando jugamos. Me gusta cuando jugamos (las pocas veces que lo hacemos). Suele ser divertido. También es divertido cuando hay visitas, y aprovecho de reírme de él. Le gusta viajar para las vacaciones y nos lleva con él. A veces canta y toca guitarra, cuando está contento (y con trago). Quiere a mi madre. No sé si la ama, pero la quiere. Tampoco sé si me ama, pero creo que me quiere (a su manera).
Bien.
Ahora dígame qué es lo que no le gusta de él. Qué cosas no le gustaría repetir para cuando usted sea padre.
¿Lo que no me gusta de él? No sé por dónde comenzar. El frío que emana su presencia. Siempre tengo la impresión de que quiere más a mis hermanos que a mi. Sus escasos argumentos. O, mejor dicho, su único argumento: la autoridad. Su forma de hacer las cosas. Sólo existe una forma: la suya. No considera mi opinión ni siquiera para elegir el color de mi ropa. En general, no me gusta lo que me dice cada vez que se dirige a mi. Me dice: párate derecho, habla como hombre, siéntate bien, cállate cuando hablo, no me respondas, ándate a tu pieza, haz las tareas y ayuda a tu mamá, deja de hacer tonterías. Y yo comienzo a transformarme en alguien que no quiero ser y le digo... le respondo... que es inmaduro e irresponsable, que cuando crezca me va a entender, que las cosas tienen un precio y hay que cuidarlas, que tiene que ser respetuoso con sus mayores, que tiene que hacer orden en su pieza, que cuando salga de la universidad va a poder ganarse su propio dinero y comprarse lo que quiera, que en la casa mando yo, que todavía es chico para entender.
Bien.
Esta ha sido toda la entrevista. Le agradezco, señor, que se haya dado el tiempo para responder a mis preguntas. Me gustaría hacerle una última pregunta antes de que se marche.
Claro que sí. Hágala.
¿Qué cree usted que dirían sus hijos si yo les dijera: “Hábleme de su Padre”?

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