Y AHÍ VAMOS DE NUEVO



¡Maldito Dios! ¿Por qué no te extingues? ¡Muere, Muere, Muere!
Luego de esa maldición, el tiempo se detuvo. Se detuvo el presente. Se extinguió el futuro y sólo fue pasado. Sólo fue pasado.
!Muere, Muere, Muere¡ ?extingues no te qué Por¿ !Dios Maldito¡

Mi mente intenta avanzar, pero todo a mi alrededor retrocede. Mi cabeza, que se encuentra alzada mirando al cielo con los ojos cerrados y una maldición en la boca abierta, comienza a descender abriendo los ojos y con un grito que decrece en la garganta. Los ojos abiertos contemplan la sangre esparcida en la puerta que da al dormitorio (¡Oh, no! Esa imagen otra vez), mientras mi mano sostiene mi revólver apuntando en esa dirección. Entonces comienzo a girar mi cabeza hacia la puerta de entrada, a la vez que mi entrecejo comienza a contraerse.
Dos adolescentes entran por ella corriendo de espaldas, hasta girarse y quedar mirándome con los ojos muy abiertos. Al instante, la bala comienza a retornar, desde la puerta del dormitorio, de vuelta al revólver en mi mano para iniciar la des-explosión iniciada por el dedo que comienza a soltar el gatillo.
Una amenaza vuelve a mis labios: "!hoy suya la  a volverán no o ahora casa mi de Salgan¡". Mi brazo comienza sólo a deshacer las acciones: deja de apuntar la puerta del dormitorio, mientras la vuelve a apuntar al par de delincuentes adolescentes que han irrumpido en el hogar. Luego los músculos comienzan a relajarse, perdiendo de a poco la rigidez, a la vez que va devolviendo el revólver oculto bajo la mesa de centro. Ahora es el resto de mi cuerpo el que comienza a perder rigidez, mientras me voy recostando relajadamente sobre el sofá. Los adolescentes comienzan a relajar los párpados abiertos en una mirada de sorpresa, en el mismo instante en que comienzan a agacharse para retirarse retrocediendo de espaldas hacia la puerta de entrada. Vuelven la paz y la tranquilidad. Mi espíritu se vuelve a llenar de alegría, satisfacción y júbilo. No hace otra cosa que dar gracias a la vida.

Todo aquello que más me duele y que más deseaba olvidar, lo acabo de volver a vivir. Entonces descubro que la peor de todas las maldiciones no es volver a vivir lo malo que te ha sucedido, sino que volver a vivir lo bueno que has perdido.

La escena continúa retrocediendo en el tiempo y mis ojos brillan encantados, mientras observo a mi hermosa esposa entrando en la sala, caminando de espaldas, desde la puerta del dormitorio. Su caminar desacompasado, de espaldas a mí, le otorgan un aire exótico. Se sitúa hasta quedar a mi lado y se agacha para quitarme un beso de los labios. Luego se vuelve a sentar a mi lado, afirmando ambas manos al borde del sofá. "presencia mi requiere que alguien hay que Parece". Al instante, se gira hacia mí para colgar nuevamente sus brazos en mi cuello y adherir sus labios a los míos, deshaciendo un prolongado beso. "?acostar a vienes te hora qué A¿ Mami". Lentamente, comienza a ceder la presión de sus labios sobre los míos, mientras comienza a retirarse de mi abriendo sus ojos para sostener su mirada intensa en mis ojos. "felices muy Seremos. maravilloso es Todo". Se aproxima rápidamente hacia mí, apretando mi cuerpo en un fuerte abrazo que comienza a perder fuerza, lentamente, hasta terminar en un grito en mi oído.
La escena se acelera rápidamente, disolviendo la euforia hasta volver a la inamovilidad de unos ojos y boca muy abiertos, luego de leer el mensaje en mi celular: ”ventanilla por identidad de cédula su presentando sólo, retiro su hacer para, oficinas nuestras a lunes el acercarse Puede .crédito su aprobado hemos que informarle grato es Nos :Ramirez Señor Estimado”. Entonces un grito de júbilo vuelve a mi garganta, mientras comienzo a agachar mi cabeza para detener mi mirada sobre la pantalla de mi celular. Finalmente, con los párpados apretados, siento una emoción que no quiero volver a olvidar y desearía vivir y revivir eternamente.

existir por Gracias ¡Dios Bendito!.
Luego de esa oración de júbilo, el tiempo se detuvo. Se detuvo el presente. Se extinguió el pasado y sólo fue futuro. Sólo fue futuro.

¡Bendito Dios! Gracias por existir.

Y ahí vamos de nuevo.

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