Ahí no más.
Así terminaba el libro que Leonora leía. La última frase, de la última línea, de la última página del libro que Leonora leía. Cerró el libro de tapas azules y lo dejó descansar sobre el brazo del sillón amarillo.
Le dio de comer a su perro Canalla y lo dejó para que comiera cuando él quisiera. Canalla nunca comía cuando ella se lo ordenaba, sino que cuando él quería. Nunca ladraba cuando ella se lo pedía, sino que cuando él quería. Nunca se dormía o se hacía el muertito o corría tras una pelota o una rama de árbol cuando se lo pedían, sino que cuando él quería. Así es que, Leonora sólo sirvió la comida y luego se retiró.
Se retiró a la cocina, tomó la tetera, le sacó la tapa, vertió dos tazas y media de agua en su interior, encendió un fósforo, giró la perilla de la cocina, encendió el hornillo, apagó el fósforo y depositó la tetera sobre la llama de la cocina encendida. Cuando el agua estuviera lista para hacer humear un buen café, la tetera la llamaría. Así es que, Leonora se retiró.
Se retiró al jardín a cuidar de sus flores. Para Leonora eran su álbum fotográfico. El jardín era el álbum y las flores sus fotografías. Sus recuerdos. Jazmín. Jazmín su querida, amada y recordada amiga. Su hermana. Después de once años de vivir, comer, estudiar, dormir juntas en el internado era más que una amiga. Su hermana. Jazmín. Jazmín que, cuando cumplieron la edad de salir del internado, se fue a vivir a la costa. Jazmín, que nació a orillas del mar, volvía a establecerse frente al mar. Jazmín que terminó enamorándose de un marinero. Un canalla. Jazmín, él no es un buen hombre, él no te quiere, él no se quedará contigo. Él, el canalla no ... pero Jazmín estaba enamorada.
Leonora regó sus veintidós jazmines y luego continuó con ...
Violeta. Bella Violeta. Pequeña Violeta. Inocente Violeta. Violeta, la hija de Jazmín. Y del Canalla. Violeta que sólo conoció a su madre Jazmín. Nunca supo del Canalla. Al igual que Jazmín que nunca más supo del Canalla. Partió sin dejar huellas, ni rastros, ni un adiós, ni una carta, ni un telegrama, ni un recado ... y sólo dejó como recuerdo a su perro. Que también era un canalla, pues no quería a nadie. Sólo a Violeta. Violeta que sonrió a Leonora cuando ésta hizo un largo viaje en tren para conocerla. Bella Violeta. Pequeña Violeta. Inocente Violeta.
Leonora regó sus quince violetas y luego continuó con ...
Rosa. Sólo una. La vecina preocupada de Jazmín. Que le envió un telegrama urgente a Leonora. Preocupada. Preocupada por lo que dice Jazmín. Preocupada por lo que no dice Jazmín. Preocupada por lo que hace Jazmín. Preocupada por lo que no hace Jazmín. Por los llantos de Jazmín. Por las decisiones de Jazmín. Y preocupada por Violeta.
Rosa. Sólo una. La vecina preocupada de Jazmín. Que le envió un telegrama urgente a Leonora. Preocupada. Preocupada por lo que dice Jazmín. Preocupada por lo que no dice Jazmín. Preocupada por lo que hace Jazmín. Preocupada por lo que no hace Jazmín. Por los llantos de Jazmín. Por las decisiones de Jazmín. Y preocupada por Violeta.
Luego de regar su rosa, Leonora dirige el chorro de agua hacia el ...
Pensamiento. Debo hacer algo. Debo ir a ayudarla. No lo hagas, Jazmín. Debo tomar el tren e ir hacia allá. Espérame, Jazmín... Avanza y avanza el tren... No desesperes, Jazmín... Silba y silba el tren... Piensa en Violeta, Jazmín... Humo y vapor del tren... No te lances... Silba y avanza... Violeta no... Humo y avanza ... Partió sin dejar huellas, ni rastros, ni un adiós, ni una carta, ni un telegrama, ni un recado ... ni Violeta. Silba y vapor. Silba y vapor. Silba y vapor.
La tetera está llamando a Leonora. Deja que sus recuerdos se humedezcan en el jardín y se retira.
En la cocina, se sirve un café y se retira.
Se sienta, nuevamente, en su sillón amarillo. Le da la vuelta a su libro de tapas azules. Lo abre por la primera página y comienza a leerlo, nuevamente, y ...
Ahí no más.

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