Aquel fue el mejor cumpleaños en mi vida.
Yo cumplía 21 años y nos volvíamos a reunir con mis amigos de infancia. Vecinos y compañeros de colegio. Hermanos de infancia.
Recuerdo que, cuando Tito me entregó su regalo, lo abrí y descubrí que era una polera de Iron Maiden, a lo que todos exclamamos con admiración, pero luego descubrimos que era una polera para mujer. Risotadas. Los descuidos como aquel eran algo común en Tito. Luego Ernesto me entregó el suyo. No me sorprendió descubrir que era un libro de Friedrich Nietzsche (muy propio de su estilo de regalos). No sé dónde conseguía tantos libros de ese autor para regalar. Alejandra me regaló un chaleco tejido por ella. Lo usé todos los días cuando iba a la universidad. Roberto, que era el de más escasos recursos de todos nosotros, me sorprendió con una cajetilla de cigarrillos Camel (original americano), con ese envase de latón. Aún conservo el envase, aunque no su contenido. Ignacia me regaló un disco de mi grupo favorito, aunque no lo era para ella. Y Manuel me regaló una botella de whisky que me obligó a abrirla en el momento.
Después de apagar las velas, se me metió torta en los ojos (y hasta en las orejas) con el tortazo que me dieron. Casi no quedó torta para comer. Nos bebimos el whisky que me trajo Manuel (aunque la mayor parte se la bebió él), escuchamos el disco que me regaló Ignacia y continuamos riéndonos de Tito y su equivocación con la polera. El mejor cumpleaños en mi vida.
Ahora ninguno de ellos estará conmigo en mi cumpleaños.
Todos ellos perecieron tras la catástrofe mundial producto de las plagas que destruyeron a la Humanidad. Plagas creadas por la manipulación genética de los mismos hombres, intentando crear nuevas semillas para cultivo y poder satisfacer la demanda mundial por alimentos. El Hombre, jugando a ser Dios, sólo consiguió su propia destrucción.
Hector, Roberto y Alejandra murieron por contagio de la plaga llamada roya. Agonía y sufrimiento. Fue horrible. Ignacia murió atropellada por un vehículo que emergió desde una multitud histérica que pensaba que, huyendo hacia otras ciudades, se salvarían de las plagas. Manuel no contrajo la roya, pero sí la cibiscosis. Igualmente fatal. Ernesto, quién para mi era la persona más racional y madura de todos nosotros, no fue capaz de soportar la conmoción colectiva que invadió a toda la Humanidad y puso término a su vida. Una catástrofe en todo sentido. Ninguno de ellos estará conmigo en mi cumpleaños.
Hoy es mi cumpleaños número 33.
Ya no hay amigos con los que reír y compartir. Sólo quedan sus recuerdos. Los buenos recuerdos. Ya no habrá más regalos para mi el día de hoy. Tan sólo deberé conformarme con un solo regalo: la Inmunidad.
N. del A.: "roya" y "cibiscosis" son nombres creados por Paolo Bacigalupi en su novela "La Chica Mecánica".

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