HOMBRE BONSAI

Antes de nacer sus padres decidieron que él sería un Hombre Bonsai. En realidad, no estaban seguros si eso lo decidieron antes de concebirlo o si fue una idea que maduraron mientras se desarrollaba. Lo cierto es que, al momento de nacer, sus padres ya tenían decidido su destino.
En el instante del parto, lo pusieron inmediatamente dentro de un hermoso macetero y lo protegieron de todo aquello que le pudiera afectar. Le proporcionaron todo lo necesario para alimentarse y abrigarse, de tal forma que no necesitase extender sus raíces para conseguirlo. Era el hijo ideal y él se sentía un afortunado de tenerlo todo y no necesitar de nada más. Protegido y sobreprotegido. Cuidado y sobrecuidado. Valorado y sobrevalorado.
Contemplarlo en su hermoso macetero era el placer diario de sus padres. Pues para eso lo hicieron Hombre Bonsai: para su disfrute y placer. Le hicieron creer que crecía al tiempo que le cortaban las ramas para que no creciera. Le hicieron creer que podía conseguir su propia comida al tiempo que le proporcionaban comida diariamente. Le hicieron creer que era autovalente al tiempo que le proporcionaban todo para que no tuviera que hacer nada por sí mismo. Dió dos frutos en toda su vida, pero eran tan pequeños que sólo servían de adornos.
Así creció el Hombre Bonsai creyendo que crecía, pero sin crecer.
Así consiguieron sus padres un hijo que siempre sería hijo y que nunca dejaría de serlo.

Al heredar todo, tras la muerte de sus padres, pensaba que no necesitaba nada más, pues ya había crecido bastante, podía alimentarse y valerse por sí mismo. Así es que esperó a que lo alimentaran, lo protegieran, lo cuidaran y lo valoraran, pero ya no había nadie que hiciera esas cosas.

Cuando falleció el Hombre Bonsai nadie lo supo y nadie lo recordó en el futuro, pues no dejó raíces en la Tierra.

Comentarios

Sandra dijo…
mientras lo leía me hice la pregunta ¿qué sucederá cuando sus padres no estén?, quizás la pregunta saltó porque soy madre que no quiere un hijo bonsai. Es un buen cuento para padres, ayuda a la reflexión.
Mauricio Díaz dijo…
No sé qué es más bello: si el cuento o tu comentario.
Es grato leer comentarios así de lo que uno escribe.
Gracias, Sandra.
Varua dijo…
Bueno! siempre he compartido esa idea.. pienso en aquellos padres que tienen hijos con capacidades diferenciadas y ufff cuanta relación hay con eso en este cuento! aún que claro, no se da solo en ellos, a veces todos pecamos de ser padres de hombres bonsai