Esquizofrenia Bipoblar


En la calle desierta de la ciudad nocturna, las hojas de papeles revoloteaban gracias al viento. Boletas de compras arrojadas a la calle, panfletos publicitarios, servilletas de restaurantes (con algún número telefónico olvidado), envoltorios de caramelos, boletos de micro y algún papel metálico de una cajetilla de cigarros recién abierta. Curiosamente, si se fijaba la vista en algún punto de la vereda peatonal, también se podría distinguir alguna hoja de árbol mezclándose con los papeles voladores.

En el cubículo-oficina Nro. 6, en la calle Philip K. Dick, dos hombres esperan sentados frente al escritorio del Robotpsicólogo #87 (es el primero, en la lista de turnos nocturnos de ese día jueves).

- Ya verá, Señor Days. Voy a hacer que lo encierren ¡Lo voy a desenmascarar!

Maurice Days es un escritor de ciencia ficción que se encontraba realizando el lanzamiento de su último libro “¿Sueñan los computadores con impulsos eléctricos?” en la librería Ubik, cuando, al terminar de autografiar algunos ejemplares, fue abordado por el Señor Sepúlveda (un fanático de los libros del Señor Days) y lo llevó a rastras hasta ese lugar.

- Yo sé qué tipo de persona es usted, Señor Days. Usted es un enfermo y yo me voy a encargar de que tenga el tratamiento que necesita- le sentencia el Sr. Sepúlveda, mientras hurga en sus bolsillos buscando monedas.

Sentado en una posición incómoda en su sillón, y con gran esfuerzo, Jonathan Sepúlveda logra sacar el monedero del bolsillo de su pantalón para verter su contenido sobre el escritorio metálico, mientras el Sr. Days realiza algunas anotaciones de la actual situación, en su libreta de viajes (que siempre lleva consigo en el bolsillo de su vestón), para alguna futura novela de ficción. Los dedos del Sr. Sepúlveda bailan entre las monedas, mientras va depositando, una a una, en la ranura incrustada en el escritorio metálico la cantidad necesaria para cancelar el valor de la consulta del Robotpsicólogo, en horario vespertino.

Una vez que ha depositado el importe necesario, y mientras vuelve a meter las monedas sobrantes en su monedero, desde el lado opuesto del escritorio comienza a asomar el busto del Robotpsicólogo #87.

- Buenas noches. Soy el Robotpsicólogo de número 87. Identifíquese, por favor.

Jonathan saca su billetera del bolsillo trasero de su pantalón y desliza su TI sobre el lector que se encuentra al lado de la ranura para las monedas.

- Buenas noches, Jonathan Sepúlveda. Mis sensores indican que alguien más le acompaña. Que se identifique también, por favor.

El Sr. Days levanta la vista de su libreta y extrae su TI del bolsillo izquierdo de su vestón. Lo desliza por el lector y lo vuelve a guardar, retomando sus anotaciones.

- Buenas noches, Mauricie Days. Nuestros registros indican que usted es escritor de Best Sellers. Es la primera vez que me corresponde una entrevista con un escritor.- Luego gira su metálica e inexpresiva cabeza hacia la persona enfrente de él- Sr. Sepúlveda ¿Cuál es el motivo de su visita?.

Jonathan entiende que ha llegado su momento: el momento de quitar la máscara al famoso escritor Mauricie Days. Se inclina lentamente sobre su asiento y comienza su diatriba.

- Verá usted. La persona que está aquí a mi lado, que dice ser un escritor, en realidad es un loco y lo he traído hasta acá para que lo encierren. Espéreme un momento, que ya le explico.

Giró su cabeza en ambos sentidos, pero no hubo reacción alguna ante esta declaración de Sepúlveda. El escritor no levantó la vista de su libreta y el Robotpsicólogo no mostró señales de asombro. Bueno, este último jamás muestra ninguna expresión. Así es que, Sepúlveda, reanudó su relato con más ahínco.

- En primer lugar, en su libro “La Cosa Padre”, este escritor crea un personaje que es una cosa que cae del cielo y dice ser el padre de todos los seres humanos. Luego, en su libro “El Hombre de Oro”, el protagonista es un tonto sin cerebro que resuelve problemas de manera inteligente y a la mujer, que es un personaje secundario, siendo inteligente la hace parecer tonta. Pero, lo que ya colma el vaso, es su libro “IVNIAVIS” cuyo protagonista es un esquizofrénico que cree haber encontrado a Dios. Todas estas historias no pueden salir sino de la mente de un loco, que es esta persona sentada al lado mío. Por eso lo he traído aquí para que usted dé la orden de que lo internen en un manicomio.- Sepúlveda finaliza su alocución colocando ambos brazos sobre los antebrazos del sillón y sentándose cómodamente en él.

- ¿Eso es todo lo que tiene que decir, Sr. Sepúlveda?- interroga el Robotpsicólogo.
- Así es- responde Jonathan Sepúlveda con orgullo.
- Primera pregunta: ¿El Sr. Days escribe sobre ficción?
- “Ciencia Ficción” para ser más exactos- responde Sepúlveda con total certeza.
- Segunda pregunta: ¿Considera usted que, las cosas que escribe el Sr. Days, son reales?- la pregunta del Robotpsicólogo no tiene matices de voz, por lo que Sepúlveda no tiene certeza si lo está atacando.
- No, creo que no- responde algo dubitativo.
- Tercera pregunta: ¿Considera usted que, para escribir Ciencia Ficción, hay que estar “loco”, como dice usted?.
- No, claro que no. He leído a otros autores del género y sus historias son mucho más normales que las de este señor- le contesta Sepúlveda intentando consolidar su punto de vista.
- Cuarta pregunta: ¿Cree usted que el Sr. Mauricie Days es un loco, porque no escribe novelas de Ciencia Ficción “normales”?
- Sí- responde Jonathan Sepúlveda, dejando muy en claro que eso lo que él quería manifestar desde un comienzo.
- Nada más de preguntas- señala el Robotpsicólogo, sin mostrar ninguna señal que delate su diagnóstico final.
- ¿Y va a internar al loco?- pregunta Sepúlveda con algo de ansiedad en su voz.
- Mi diagnóstico indica que ha sido acertada su decisión de venir a consultarme esta noche y concuerdo con su indicación de que corresponde realizar una internación en este caso.

Mientras Jonathan Sepúlveda se recuesta satisfecho en su sillón y una sonrisa enorme aflora en su rostro. Similar a la sonrisa que expresa cada vez que acierta a una pregunta de “¿Quién Quiere Ser Millonario?”. Al mismo instante, unas correas metálicas le envuelven las muñecas, los tobillos y la cintura, inmovilizándole e impidiéndole que se ponga de pie para protestar.

- ¿Qué es lo que te ocurre, máquina estúpida? ¿Acaso no has oído todo lo que te dije?
- Sí, he oído y analizado cada palabra que usted ha pronunciado. Y he entregado mi diagnóstico.

Un robot utilitario ingresa en la oficina para retirar el sillón y su ocupante.

- ¡Aquí hay un error! ¡Él es el loco, no yo! Estás defectuosa, máquina loca. Tienes que hacer que te revisen- gritaba Jonathan Sepúlveda, mientras era retirado de la oficina para trasladarlo al sanatorio municipal.

Luego de escribir una última anotación, Mauricie Days golpea su libreta, con la punta del lápiz, para remarcar un punto final.

- ¡Qué buena historia!
- Sr. Days ¿Tiene usted algún motivo para prolongar esta visita?- pregunta el Robotpsicólogo girando su cabeza inexpresiva hacia él.
- Quiero decir dos cosas- le responde el escritor-. Primero, quiero felicitarlo por haber encerrado a ese loco demente. Personas como él deben estar aisladas del resto de la sociedad. Una cosa es que sea un fanático de los libros que escribo y, otra muy distinta, es que ande por ahí haciendo públicas acusaciones injuriosas contra mi persona. Así es que, mis felicitaciones por las medidas que ha tomado- luego continúa, pero en un tono más relajado y triste-. Lo segundo, es una pregunta: ¿A qué lugar lo van a llevar?¿Lo van a tratar bien?¿Lo puedo ir a visitar? Es que me dio pena el pobrecito. Si, al final, yo creo que no es una mala persona.

En seguida, sus muñecas son inmovilizadas por unas correas metálicas. Sus tobillos y su cintura también.

- No se preocupe, Sr. Days. Tendrá todo el tiempo del mundo para hacer compañía al Sr. Sepúlveda. Los esquizofrénicos y las personas con trastorno bipolar se llevan muy bien.

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