LA ESTACION DE LOS SUEÑOS


La palabra verano lleva consigo sonidos, aromas y recuerdos (... un verano naranja ... fuiste mía un verano ... el verano llegó ...). Es la estación más esperada del año, propicia para tener un encuentro con la naturaleza; o para visitar a las personas que nuestros recuerdos no quieren olvidar; o, quizás, sencillamente para disponer del tiempo para hacer aquello que habíamos postergado por tanto tiempo (como dormir plácidamente, por ejemplo).
            Lo que hacemos en esta época del año es, literalmente, devorarnos el verano. Cansados y agobiados por la rutina diaria, la llegada del verano nos libera y nos hace pensar en nuestro propio bienestar, en pasarlo bien y en regalarnos momentos de gozo y placer. Es tan así que, en vez de pensar en el verano, pensamos más en nosotros mismos, y olvidamos que esta estación, al igual que las otras estaciones del año, tiene magia propia.
            Cuentan que las estaciones guardan secretos, que cada una de ellas tiene un ejército de hadas que les ayudan a tomar su aspecto. Así, las hadas del otoño hacen que el viento sople, que las hojas caigan de los árboles y que los días se pinten de gris. Las hadas del invierno saltan, bailan y zapatean sobre las nubes para hacerlas llorar. Las más bellas, tiernas y vanidosas, dicen que son las hadas de la primavera, a tal punto que el ángel llamado Cupido baja en esta época a la tierra atraído por las coquetas hadas. Y, por último, las hadas del verano son llamadas las hadas luminosas, porque son como pequeños destellos de luz. Son las hadas más alegres y soñadoras. En ocasiones las musas y otros seres mágicos, bajan a las tierras de las hadas del verano para tomarse un descanso.
            Cuentan que cada cierto tiempo la Fantasía desciende a la tierra en esta estación y que, al despedirse, regala un sueño en agradecimiento.

            El verano que recién termina, decidí buscar la magia del verano ... y la encontré.

I

            Con lentitud y paciencia va llenando el vaso plástico con arena. Aprisiona la arena contra él y lo vierte sobre una superficie sólida y rectangular que también es de arena. Luego, utilizando un palo de helado como espátula, va dando forma a la torre.
            Poco a poco, lentamente y con paciencia, va tomando forma el castillo de arena en las manos del arquitecto. Y es que un arquitecto como él (ya jubilado), no podía dejar pasar la oportunidad de sentirse creador una vez más. Aprovechando aquel momento, en que no hay hijos que le regañen diciéndole que se quede tranquilo, ni de nietos que lo tapen a gritos y tironeos, se ha retirado a un rincón tranquilo de la playa para ejercitar el placer de ver cómo, donde aparentemente no hay nada, de pronto se levanta una construcción.
            Sus dedos han adquirido gran sensibilidad y su vista se ha agudizado. Ha conseguido alcanzar gran precisión para manipular la arena y ha logrado tal punto de concentración en su labor, que parece haber olvidado que el mundo existe.
            La base y las paredes del castillo están terminadas. De pronto, por la orilla de la playa se acercan tres niños con una bolsa de compras en sus manos. "Le hemos traído lo que nos pidió" - dice uno de ellos. "Gracias. Dejen la bolsa por aquí" - responde el viejo. Mientras los niños de alejan, se sienta derecho, abre la bolsa y saca un puñado de su interior. "Arena blanca." - murmura - "Ahora puedo construir la torre de marfil al centro del castillo".
            Una torre de marfil. ¿Quién iba a pensar que aquel hombre iba a construir una torre de marfil al centro del castillo con aquella arena blanca?. Mientras esboza una pequeña sonrisa, recuerda aquellos tiempos en que era considerado un personaje mágico. Se plantaba en medio de un terreno llano y desierto y, luego de inspeccionar el lugar con la mirada, les iba indicando a sus ayudantes con la mano: "En aquel lugar va a haber una hilera de casas. En el de más allá va a haber una plaza. Aquí vamos a levantar un hermoso portal. Y al fondo construiremos un pequeño parque de diversiones". Y sus ayudantes lo miraban fijamente como diciendo : "¿Qué nuevo truco nos va a mostrar el mago?".
            El castillo ya está terminado. Se aleja unos pasos para sentarse y contemplar su nueva creación. Se siente extasiado. Ha logrado ganar un momento de paz y felicidad. Todos, alguna vez, nos hemos querido sentir como un pequeño Dios (¿O es que tal vez somos pequeños dioses?), mas cuando todo parece ir a la perfección, aparece lo imprevisto.
            Se toma la cara con las manos y en su rostro se dibuja el asombro y la impotencia. Todo iba bien hasta que ocurrió lo imprevisto...

II

            A orillas de una playa y bajo la sombra de un árbol, se puede apreciar un espectáculo pocas veces visto. Sentado en la arena y afirmando su espalda en el árbol, se encuentra un ilustrador dibujando. (Si consideras que aquel hombre está de vacaciones y que estos personajes, en tales condiciones, acostumbran disfrutar todo lo que se pueda y esperar el último día para desesperarse en hacer el trabajo que le habían encomendado, podrás concordar conmigo en que, lo que estamos presenciando, es un espectáculo pocas veces visto). Se encuentra en pleno proceso de creación de personajes. Con un cuaderno de croquis (de marca "Torre") entre las piernas, con un lápiz en una mano y el mentón en la otra, comienza a darle aspecto a los personajes.
            Sus manos se deslizan por el papel y, poco a poco, entre línea y línea, comienza a tomar forma un personaje. Es un bufón. Un bufón de las cortes medievales. Un típico bufón con un gorro con cascabeles, con zapatos terminados en punta, con los colores del escudo del reino pintados en su traje, con una cara de ratón dibujada en su pechera y, con una diabólica risa dibujada en su irónico rostro. "Tam" - dice en voz alta -. Ha conseguido dar existencia al bufón Tam.
            Da vuelta la hoja del cuaderno y comienza a dibujar otro. Esta vez las líneas se dibujan con más rapidez. Un hombre espigado, algo canoso y que usa una túnica larga. Tiene el aspecto de un serio y sabio consejero de la corte. Levanta el lápiz y dice : "Hola Mellinor, gusto en conocerte".
            Ha dado vuelta a la hoja y nuevamente se encuentra ante el desafío de una hoja en blanco. Esta vez lo piensa más. Inclina la cabeza de un lado a otro mirando la hoja como buscando algún indicio de lo que debe ir en ella. La primera línea sale temerosa. Poco a poco comienza a tomar confianza y comienza a dejarse ver una figura. Es un caballero. Un caballero con una hermosa armadura plateada. Una cabeza de tigre dibujada en su pecho y escudo. Su espada es imponente e infunde miedo. En su empuñadura se distingue la cabeza de un tigre. Y su yelmo, su plateado yelmo, representa una cabeza del mismo animal. Un tigre. Símbolo de fortaleza y valentía. Qué mejor distintivo para quien es el jefe de la guardia real. "Angus, ¿Dónde te habías escondido que no te hallaba?. Seguramente peleando en alguna batalla para proteger al reino" - murmura mientras ríe al contemplarlo -. Un nuevo personaje ha tomado forma.
            Da vuelta la hoja, despacio y con cuidado. El último y más importante personaje, está a punto de nacer a la vida. Lo ha pensado antes que los otros, pero lo ha dejado para el final porque, para él, es muy importante y por eso le tiene mucho respeto. Es la pieza preferida de este dibujante, pues fue la primera imagen que se le vino a la mente cuando le propusieron este proyecto. Es la inspiración de este trabajo. Conoce muy bien su forma. Por eso comienza con lentitud y delicadeza a trazar las líneas para que la figura salga, tal y como, se registra en su mente. Desde la niebla blanca de la hoja de papel, comienza a aparecer la figura de una hermosa mujer. Tiene rostro y cuerpo de doncella. Es la joven reina de la cual depende este reino. Las manos y los ojos del dibujante le van amando en cada trazo. "Amada Nelibor. Tanto tiempo he esperado para verte y, ahora, contemplarte es un placer. ¡Cómo quisiera conocerte y ser el guardián de tu cuarto!. Un vasallo tuyo quisiera ser" - le murmura con ternura mientras termina la última línea -.
            Después de un instante de contemplarla, cierra el cuaderno y deja escapar un suspiro de alivio. Mientras observa el sol esconderse en el horizonte del mar, sonríe de satisfacción. No puede creer lo que ha hecho. A logrado dar forma a todos los personajes de la historia. Ahora podrá disfrutar de sus vacaciones feliz.
            Así como el río fluye dando forma a su cauce, del mismo modo el dibujante da curso a su imaginación dando forma a lugares, objetos y personajes. Haciendo una  especie de invocación con su arte, les da forma y los convoca a la existencia. Es un creador. Otro pequeño dios.
            Se encuentra disfrutando uno de los momentos más preciosos de la vida. Abre el cuaderno para darle la última mirada a su obra. Pero la primera hoja está en blanco. Da vuelta la página y la siguiente es igual a la anterior. Desesperadamente comienza a dar vuelta todas las hojas del croquis sin encontrar ninguna de sus creaciones.
            Angustiadamente, se toma la cabeza con las manos. Lo imprevisto ha vuelto a manifestarse ...





III

            Por las escaleras de la torre de marfil van  dos hombres diriguiéndose al cuarto que se encuentra en la cima de ella. Al asomarse por la puerta del cuarto, se encuentran con la joven reina recostada en su cama y, a su lado, un bufón.

- ¿Cómo se encuentra nuestra reina?. - pregunta Mellinor.
- Todo sigue igual y empeorando, mi señor. - responde Tam.
- Parece que el final está cerca.
- Así parece, Angus. - replica Mellinor.

            Tam se acerca a los dos hombres mirando sus rostros de tristeza. Se planta en medio de ellos y pregunta :

- ¿Cómo es eso de que el final esta cerca?. ¿Es que acaso nuestra reina corre el peligro de morir?.
- Así es Tam. Pero eso no es todo. Si ella muere, todo este reino, y también  nosotros, desapareceremos con ella. - responde Mellinor.
- Ah!. Entiendo. Es el momento en que Dios tira de la cadena.
- ¡ Estos bufones !. No pueden tomar nada con seriedad. - murmura Angus meneando la cabeza.
- Es que todo esto me parece muy irónico, mi señor.
- La ironía se dibuja en tu rostro. - responde Angus.
- Déjalo Angus. Él fue el último en nacer, así es que no entiende lo que está pasando. - dice el sabio Mellinor para apaciguar el ambiente.
- ¿Qué es lo que no puedo entender?.
- Siéntate un momento y ponte serio por primera vez en tu vida. Es momento de que sepas la verdad.

            Se situaron los dos caballeros a los pies de la cama de la reina y el bufón se sentó a su lado. En ese momento comenzó a hablar el sabio Mellinor interrogando al bufón :
- ¿Te has enamorado de la reina, Tam?.
- Pero qué clase de pregunta es esa, mi señor. - responde Tam con rostro de asombro.
- No tengas vergüenza, Tam. Todos nosotros lo estamos.
- Bueno, si me lo planteas así. He de reconocer que, desde el primer momento que conocí a mi reina, me enamoré estúpidamente de ella.
- Bueno Tam, así como nosotros la amamos, ella nos amó primero.
- ¿ Cómo es eso, mi señor?. ¿Me estás diciendo que ella también me amaba?.
- Sí, Tam. Ella nos creó a cada uno de nosotros. Y también creó este castillo y este reino.
- Disculpa sabio Mellinor, pero creo que has conseguido ponerme serio por primera vez en mi vida.
- Querido Tam, ella nos ha bendecido con la vida y nos ha condenado con su muerte.
- Mi señor, reconozco que tu sabiduría se encuentra sobre mí, y que yo no soy más que un estúpido bufón. ¿No podrías hallar una manera mejor de explicar, a un estúpido como yo, lo que está ocurriendo?.
- Pequeño Tam. Aquella que conocemos como nuestra reina, no es otra cosa que el espíritu de un hechizo errante.
- ¡Mi señor!. ¡Me estás diciendo que mi reina no es otra cosa que un hechizo!.
- Sí Tam. Ella es el espíritu de un hechizo errante que, de pronto, deseó tomar forma y, desde el corazón de su deseo, creó este reino y a nosotros. Es por eso que ella nos amó primero. Y por eso es que, inconscientemente, la amamos tanto.
- Mi señor, has hecho que este bufón conozca por primera vez el dolor de la angustia.
- No Tam. No te sientas así. Más bien siéntete agradecido de que ella nos halla creado, pues de otro modo no hubiéramos conocido la sensación de lo que significa existir.

            Y así fue como un reino, nació y murió con su reina ... y el espíritu de un hechizo errante, continuó su camino después de haber saciado un deseo.

IV

            El verano ... La estación de los sueños ... Este verano me propuse encontrar su magia ... y la encontré.


                 Vi un castillo de arena derrumbarse sin que el viento, ni el mar le tocaran...

                 Vi desaparecer los personajes de las páginas de un ilustrador ...


            ... Y la Fantasía me regaló un sueño.

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