Un día por la mañana, salí de mi ruka, y encaminé mis pasos hacia el prometedor futuro. Encontré una ciudad de aspecto bonito, pero la tierra estaba endurecida en caminos de piedra lisa. Más allá, había casas enormes y altas, también de piedra lisa. Vi colores que no había encontrado nunca en la flora de mi tierra. Consideré que todo aquello era bueno y pensé que sólo podría haber sido hecho por gente buena. Volví a contarle a mi gente lo que había descubierto, pero… mi ruka ya no estaba. Y había olvidado mi nombre y el de mis antepasados.

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