Doy un paso, dos y tres. Giro a la izquierda del banco de la plaza y sigo. Veinte, veintiún pasos en línea recta. Me dijo que estaría con un vestido damasco y una rosa rosada en el pelo. Cuarenta y uno, cuarenta y dos. Doblo a la derecha en el álamo. Cincuenta y cuatro, cincuenta y cinco. No me dijo si era alta o baja. Sesenta y ocho, sesenta y nueve. ¿Será rubia o morena? Setenta y ocho. Voy llegando. Ochenta y tres. ¿Me gustará? Ochenta y ocho. ¿Le gustaré? Noventa y tres. ¡La vi! Noventa y nueve y cien.

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