Todo el mundo lo comentaba. Todo el mundo hablaba de eso. Era la gran noticia del momento (tal vez, la más grande noticia de todos los tiempos). Estaba en boca de todos y en todas partes se hablaba sólo de eso: en los diarios, la T.V., las radios, en Internet, etc.... Y el lugar donde ocurría aquella noticia, era Chile. Tal vez, más importante que el hecho ocurrido, era el dónde ocurría. Chile se convertía en el lugar donde ocurría la noticia más importante, y más trascendente, de todos los tiempos.
La verdad es que, objetivamente hablando, Chile no importaba para nada. El lugar donde ocurría la noticia, era irrelevante (a excepción, de aquellos que tienen ese sentido patriótico-tercermundista, como el mío). Lo realmente relevante, era lo que aquella noticia estaba provocando en la mente de todo el mundo.
Y es que, el hecho de saber, de un día para otro, que el Viejo Pascuero existe (o sea, que lo podemos ver y tocar), implicaba un cambio de mentalidad en las cabezas de todo el mundo. Es como si de pronto, se presentara Dios, y nos dijera: “¡Aquí estoy! ¿Vieron que era verdad que existía?”.
A simple vista, aquel personaje (que decía ser el Viejo Pascuero), tenía un aspecto más bien antropomórfico, bastante obeso, con una vistosa barriga, una pronunciada barba blanca, y un gorro, que al igual que el resto de su vestimenta, era de color verde. Por lo demás, continuamente exhalaba un “JO, JO, JO” risueño. Lo cual hacía pensar, a simple vista, que efectivamente era el Viejo Pascuero.
Para demostrar la veracidad de dicho Viejo Pascuero, se hicieron pruebas de todo tipo, a la vista de todo el mundo. O sea, con cobertura en todos los medios de comunicación, lo que creó una gran expectativa para la gran mayoría mundial, y un tremendo dolor de bolsillo para unos pocos: los dueños de agencias noticiosas de todo el mundo. Y es que, este supuesto Viejo Pascuero demostró, primero que todo, ser un gran negociador, adjudicándose los contratos por exclusividad, más lucrativos de todos los tiempos.
La primera prueba fue absolutamente obvia. Se trataba de demostrar cómo podía recorrer los hogares de todo el mundo, en una sola noche. La demostración fue realmente increíble y categórica. Realizó el truco de “aparecer y desaparecer” en 56 programas en vivo que se estaban exhibiendo, a la vez, en distintos lugares del mundo. Es decir, apareció y desapareció en 56 lugares distintos y distanciados, en menos de un minuto.
El asombro se podía oír en todas partes. Mientras los científicos trataban infructuosamente de encontrar una explicación racional a lo ocurrido, las grandes industrias transnacionales comenzaban a fabricar los primeros muñecos con la figura de aquel Viejo Pascuero (por supuesto, previa negociación con él mismo). El mundo parecía girar más lento. No había certeza sobre lo avanzado, y mucha inseguridad sobre todo lo que se creía cierto hasta ese momento.
La segunda prueba, ni siquiera se alcanzó a pensar, pues el mismo Viejo Pascuero, llamó a cadena internacional de radio y televisión, y se declaró el único políglota de todos los tiempos. Seguido de esta declaración, comenzó a aparecer en una veintena de programas estelares de los Lunes, en los cuales se le hacían infructuosas pruebas por demostrar lo contrario. Incluso, habló en más de treinta lenguas muertas, algunas desconocidas hasta para los expertos. Y para el colmo de éstos, habló en una lengua, que dijo, era extraterrestre (no dijo llamarse “IRENCO”, ni nada por el estilo, lo que hacía muy lejana la posibilidad de negarlo).
Esto último, aportaba un nuevo y curioso antecedente a la inocente creencia popular: “El Viejo Pascuero, a parte de repartir regalos en todo el mundo, también hace entregas extraplanetarias”. El tema de la Vida Extraterrestre, era reactivado nuevamente por los medios de comunicación, pero esta vez, como una certeza (y adivinen quién se llevaba todas las exclusivas sobre el tema...).
Las grandes agencias mundiales de prensa y televisión, comenzaban a quedar sin recursos para seguir pagando las exclusivas al Viejo Pascuero. La CNN había comprometido todo su presupuesto anual, para cubrir la entrega de regalos del Viejo Pascuero en todo el mundo. El New York Times, se reservaba los derechos para la entrega de presentes a los mandatarios de todo el mundo. Y el Reader’s Digest, se quedaba con las anécdotas y curiosidades que ocurrieran en dicha odisea.
La ley del “chorreo”, comenzaba a funcionar (ya no sólo en teoría), por primera vez, en todo el mundo. Los programas televisivos de más poca monta, comenzaban a experimentar un protagonismo absolutamente inesperado (acaso como un regalo anticipado de Navidad). Y fue precisamente, uno de estos “programuchos” de poca monta, el que dio el otro gran golpe noticioso.
Ya sé que podrán pensar que el hecho se ve fuertemente influenciado por la nacionalidad de quién escribe estas líneas, pero les puedo asegurar que todo ha sido involuntario. Pues esta aclaración, se debe a que, aquel programa de T.V., era chileno. Un insignificante programa infantil chileno, de una insignificante estación televisiva chilena.
Como es propio de este tipo de programas televisivos chilenos (o sea, en gran parte improvisados), la tía-animadora le pide al público infantil que le formule espontáneas preguntas al invitado (que en este caso, se trataba del mismísimo Viejo Pascuero). Y fue, justamente, un pequeño niño chileno (chileno de corazón), quién le formuló la gran pregunta de todos los tiempos: “¿por qué su traje es de color verde y no rojo?”.
En todos los televisores chilenos (y luego del mundo entero), se vio el rostro dubitativo y perplejo del Viejo Pascuero, acompañado de un silencio cómplice de la intriga y la incertidumbre.
Comenzó por dar una serie de explicaciones (literalmente, para “cabros chicos”), hasta aproximarse a algo ligeramente coherente y racional. Creo, a raíz de los hechos ya narrados, que hubiera terminado por convencernos, si no hubiera sido por lo que ocurrió inmediatamente después.
En el monitor de los televisores, se podía ver claramente lo ocurrido. A la izquierda del Viejo Pascuero, apareció otro igual, vestido con un traje distinto, pero del mismo color. Ambos comenzaron a hablar (y luego a discutir), en una lengua que nadie entendía. A los segundos de ocurrido esto, apareció otro a su derecha (con otro tipo de traje, pero igualmente verde).
Los tres Viejos Pascueros discutían por cadena internacional, y nadie entendía nada. De pronto, el de la izquierda exhibió un calderón de color dorado, al Viejo Pascuero del centro, repleto con monedas del mismo color. Nuestro Viejo Pascuero, rehusó tal oferta. En seguida, el de la derecha, exhibió un calderón como el anterior, pero acompañado de un pomposo gesto de inmensidad con las manos.
Mientras la perplejidad se dibujaba en todos los rostros que observaban aquel programa infantil (con expresiones verbales que nadie entendía, pero con gestos por todo el mundo entendibles), se decidía cual era el precio de nuestra inocencia. Finalmente, no hubo acuerdo entre los tres Viejos Pascueros, y luego de hacer una breve pausa a su conversación, y exhibir una irónica sonrisa a todos los televidentes, desaparecieron sin dejar rastro.
Aquel duende estuvo a punto de armarse de una riqueza enorme, a costa de nuestros bolsillos, y burlándose de nuestra inocencia. Afortunadamente, su astucia no alcanzó para engañar a un niño. Aquel niño que, a pesar de lo ocurrido, seguía pensando que el Viejo Pascuero existe. Aquel mismo niño que habita en cada uno de nosotros, y al que también le llamó la atención el color del traje del Viejo Pascuero, al leer esta historia.

Comentarios
"Hace tiempo que no sentía un “Ambiente Navideño” tan confuso...
Los noticieros de antaño difundiendo costumbres extranjeras (y a veces nuestras)
Inundando nuestras pantallas de T.V. con viejos pascueros, papás noel, santas claus, renos, campanas, trineos, nieve (de la verdadera y la otra)...
Mitos, leyendas, Rojo-Verde-Blanco-Dorado
Niños pobres sin regalos, empresarios ricos entregando limosnas, familias solidarias compartiendo lo poco, el Hogar de Cristo y Correos de Chile con sus campañas de juguetes, los curas, los animadores de t.v., futbolistas, ofertas 2 por 1 , lleve hoy y endéudese mañana
Cuba censurando al viejo pascuero, Rusia con viejo pascuero, tío sam vestido de viejo pascuero...y mas y mas y mas...
Pero hoy siento algo distinto en el ambiente : La muerte del dictador un 10 de Diciembre ,una semana después de la Teletón , que es como nuestra pre-navidad, me hace ver Chile un poco diferente, sinceramente en mi fuero interno siempre creí que moriría antes que Pinochet, sin duda mis años de juventud, al igual que de cientos de miles de chilenos, no fueron exentos de riesgos, en los gloriosos años 80 vivíamos la Cultura de la Muerte, pero con ganas, con verdades, con transparencia, con luchas, sueños y energía juvenil .El objetivo era claro y poníamos todo nuestro empeño en lograrlo.
Hoy, pese a la alegría de la desaparición física del responsable de tanto dolor para nuestro Pueblo, queda ese sabor amargo de saber que murió de viejo, en impunidad y llevándose al infierno secretos tan valiosos para los familiares de los Detenidos Desaparecidos.
Ayer vecinos de Las Condes aprueban cambiar a una importante Avenida de su comuna el nombre por Presidente Pinochet...entonces ¿De qué reconciliación estamos hablando?
Considerando nuestra realidad como sociedad, con la pena que esto significa, ya estoy que le digo a mi hija de 5 años que el Viejo Pascuero no existe...que son los papás los que compran los regalos y que pese a que sueña con una muñeca que vio en la tele, no voy a endeudarme, porque mi contrato a Honorarios vence el 31 de Diciembre y no tengo certeza que me lo renueven."
El propósito de mis cuentos, es precisamente, escapar por un momento de la patética realidad.
Cierro mis ojos y escucho mi respiración.
Somos nosotros los que hacemos locura en la paz.