PARA COMENZAR

El lápiz murmura palabras en silencio, mientras el escritor se toma la cabeza con las manos sin saber qué escribir. Las palabras vuelan por su cabeza, como hadas burlonas, recitando incoherencias. Las palabras desaparecen cuando el escritor levanta la cabeza para observar a su alrededor. Hay libros y carteles en todas las paredes. Las palabras lo acosan mientras se desespera por escribir la primera línea. El lápiz se ríe de él y las paredes se burlan, mientras una hoja en blanco le desafía a los ojos.

No hay palabras en su cabeza. No hay ideas, no hay frases. No hay una historia, sólo un vacío. El vació lo reprime, y por eso intenta escribir algo, pero cada vez que lo intenta, la misma comedia irónica de palabras a la deriva, lo deja sumido en su perdición.

Su desesperación se va transformando, poco a poco, en agonía. Las palabras burlonas lo aturden y lo perturban. Se dejan caer sobre él en picada. De pronto una palabra le silba al oído y, al darse vuelta, otra palabra le ha silbado a su espalda. Cada una le silba algo diferente intentando desconcertarlo, desesperarlo, hasta conseguir tumbarlo.

Experimenta la soledad. Las palabras lo han abandonado. No hay poesía, sólo incoherencias : “8743mekk 78”, “pple45 q1”, “199abz”. Se ha ido el romanticismo. Ya no hay ternura, ni sutileza en su pensamiento, sólo violencia. Las palabras han logrado irritarlo.

Suelta un grito desgarrado y luego un suspiro relajado. Cruza los brazos sobre la mesa y después sume la cabeza entre ellos. Ha comenzado ha comprender que la desesperación, no es la solución. Intenta alejarse del escandaloso alboroto de las palabras y ha comenzado a sumirse en un profundo descanso. Un sueño comienza ha gestarse en su mente en blanco.

Ha comenzado a soñar. Sueña con el nacimiento de una estrella. En el vientre fecundo del universo, un pequeño ser ha nacido. Abandonado en la abismal oscuridad, ha sido poseído por el miedo. La oscuridad del universo es el medio de regulación natural. Ahí mueren o sobreviven los seres que luego serán soles. El pequeño ser llora implorando ayuda, pero nadie le socorre. Su llanto se transforma en desesperación, hasta que se convierte en enfado. Entonces el pequeño ser se ilumina y el universo se descubre ante sus ojos.

El escritor levanta la cabeza con una sonrisa en su rostro. Ya tiene algo que escribir. Entonces toma su lápiz con seguridad, enfrenta a la hoja en blanco y comienza a escribir :

“ dkjfgirt fdsop koorr kk dssseeaa igfrssrt flooosd ... “.

No está mal para comenzar.

Comentarios