Cuando era muy chico, recuerdo que mi abuelo acostumbraba a contarme historias entretenidas que hablaban de caballeros y doncellas, de dragones y duendes, de magos y reyes. Una de esas historias que más recuerdo, hablaba sobre un viejo que contaba historias y decía más o menos así :
Hace mucho tiempo, existía un castillo habitado sólo por nueve jóvenes guerreros. Su fama de grandes guerreros hacía que no tuvieran enemigos que les asecharán. La vida era muy aburrida para estos jóvenes no habiendo razones para pelear. Así es que se entretenían de otra forma. Habilitaron una sala del castillo como taberna y se juntaban ahí a contar historias. Se desafiaban para ver quién contaba la mejor historia. Con el pasar del tiempo, esta entretención se volvió rutina y la taberna se tornó silenciosa y aburrida.
Por esos días, pasaba por el lugar un viejo vagabundo que iba de puerta en puerta pidiendo algo para comer y beber. Al llegar a aquel castillo, los nueve jóvenes se miraron mutuamente y maquinaron una idea que les arreglaría el día. "¿Qué buscas anciano por estos lados?" -le preguntó uno de ellos. "Un poco de comida y algo para beber" -le respondió el viejo-. "Te haremos una oferta mejor si aceptas un desafío". "¿En qué consiste la oferta?" - preguntó el viejo-. "La oferta consiste en toda la comida que puedas comer y beber y, además te daremos ropa nueva". "La oferta me gusta, pero díganme ¿Cuál es el desafío?" -replicó el viejo-. "El desafío consiste en lo siguiente : Debes narrarnos una historia lo suficientemente buena como para cautivarnos, pero te advertimos que somos aficionados a las historias y no cualquier historia nos cautiva. Pero, además de este pequeño detalle, tu historia debe constar de 270 palabras, 1.170 letras (1) y debe concluir cuando acabe esta botella de vino. Qué dices ¿Aceptas?". El viejo se tomó la pera y murmuró un rato. Luego les dijo : "Bueno. Acepto el desafío, pero con una condición, que además de lo que me ofrecen, me den la mejor armadura y la mejor montura que tienen". Los jóvenes se miraron desconcertados por un momento, y luego respondieron al unísono : "De acuerdo".
Bueno, pues mi historia comienza así : "¿Quién no ha oído hablar del
guerrero negro? ¿De aquel que se volvió contra los dioses sólo por el amor de
su novia?, ¿Y de su novia que, aún después de muerta, le acompaña como
espíritu? ¿Y de los secretos de las Joyas Oscuras? Pues bien, cuentan que en
una ocasión el guerrero se encontró con un rival peculiar (Algunos dicen que
era un dios con aspecto de hombre, otros que era un enviado de los Dioses
Titanes). Al encontrarse con él, el guerrero empuñó su espada y lo desafió. El
rival lo esquivó y rehuyó esperando una salida menos violenta. El guerrero se
cansó de perseguirlo y se sentó en una roca para oír su oferta. El rival le
dijo que podría darle una de las Joyas y sin necesidad de pelear. El guerrero
asintió, pues no es su propósito pelear, sino más bien obtener las joyas,
entonces le preguntó por la condición que tenía tal oferta. El hombre lo llevó
al interior de una caverna y le indicó un lugar. Había una estatua de un dragón
que arrojaba una llama azul sobre una esfera transparente. En el interior de la
esfera, se hallaba una de las joyas y el espíritu de su novia. Así el hombre le
dijo al guerrero: ‘La llama no te puede quemar, pues sólo quema a los
espíritus, pero si rompes la esfera, el espíritu de tu novia arderá’. Uriel ideó
una alternativa. Debía salvar a su novia, pero también debía obtener la joya
pues sin ella no podría conseguir que volviera su novia a la vida. Así, dijo al
hombre de su decisión". Luego el viejo quedó en silencio ante la mirada atenta de los jóvenes. "Bueno, sigue contándonos" -dijo uno de ellos. "Ya he terminado las 270 palabras con sus 1.170 letras y la botella de vino está vacía. He cumplido con mi parte, es hora de que ustedes, caballeros de honor, cumplan la suya". Los jóvenes aceptaron con resignación que el viejo había cumplido a cabalidad su palabra y, así fue como un día entró a un castillo un viejo andrajoso y salió de él un caballero.
Hay quiénes dicen que dos de los jóvenes siguieron al viejo por doquier para saber cómo terminaba la historia. Algunos dicen que el viejo nunca les contó el final, otros que si les contó pero nunca volvieron al castillo, y otros que nunca pudieron encontrar al viejo.
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(1) Lo peculiar de la petición, es que estos dos números tienen algo en común. La suma de los dígitos de los números 270 y 1.170 da como resultado 9 en ambos casos. Y al sumar 9 + 9 el resultado es 18 cuya suma de dígitos también da como resultado nueve.

Comentarios
Me quedé pegá con la paradoja que se produce entre los números y las letras, habitualmente nos separan de una cosa y otra, se habla de las matemáticos y de los humanistas, como que si por concepto no se pudiesen compatibilizar. Además me pregunté como lo hiciste, ¿escribiste y luego contaste las letras y palabras? ¿o definiste el final numérico y te las arreglaste con las letras y palabras? o ¿es puro cuento lo de la cantidad de letras y palabras (no las quiero contar)?. Buena idea, como siempre.
Lo que hizo que me llegara esta inquietud por juntar "números y letras" (como dices tú), fue haber leído el libro "El Hombre que Calculaba" de Malba Tahán.
El personaje URIEL, es creación de mi amigo Carlos Méndez...
Cada día que pasa voy descubriendo las distintas formas que la gente realiza sus "labores", no tengo claro si es la edad o que, pero el tema es que de a poco he ido tomando tiempo en observar a la gente (dentro de ellas yo misma) y la forma de hacer cosas y cada uno somos un mundo y esto me hace sorprenderme de lo complejos que somos, de lo unico que somos, de lo variado, de lo maravillosos que somos.... sigo conversando con mi yo.
Sigo pensando, contagiado por tu contemplación...