Aún me encuentro confundido y aturdido con lo que me ha ocurrido. Esta sensación sería solamente comparable a la reacción que experimentaría un cristiano al decirle que Dios no existe. Me cuesta asimilar lo ocurrido y sacar una conclusión razonable de este hecho.
Ya sé que me podrán tildar de loco ante lo que voy a decir, pero tuve un encuentro con el Viejo Pascuero. Viejo Pascuero o Santa Claus, o como le quieras llamar. Incluso pude conversar con él un instante, y lo más curioso de todo, es que después de este encuentro quedo con la sensación de que el Viejo Pascuero no es la persona que nosotros pensamos que es.
Déjame que te relate lo ocurrido. Habíamos ideado un plan muy ingenioso con mi esposa para sorprender a los niños en este Navidad. El plan consistía en que, mientras ella se encontraba de visita en casa de sus padres junto a los niños, yo iría a nuestra casa a las 23 horas para dejar los regalos bajo el árbol. Luego pasaría a buscarlos a la casa de sus padres, para estar de vuelta a las 12 de la noche. Todo estaba perfectamente pensado, pero el tráfico de la ciudad me jugó una mala pasada, lo que hizo que estuviera en casa a las 23.15 horas. Con el apuro no pude sentir ni puertas, ni pasos, ni ruido alguno. De pronto, y mientras me encontraba agachado frente al árbol, comencé a sentir una risa: “Jo, jo, jo”. Y al girar mi cabeza, lo vi. Un hombre relativamente gordo y de barba blanca. Su ropa era ligeramente diferente a lo que estaba acostumbrado a ver. Un gorro con forma de cono color rojo y una chaqueta y pantalón verde. Sus zapatos eran algo largos, terminados en punta, y también de color verde.
Lo único que hacía era mirarme y reír : “Jo, jo, jo”. Le pregunté : ”¿ Eres tú el Viejo Pascuero ?”. Siguió mirándome y riéndose sin responder : “Jo, jo, jo”. Luego de un rato, me dirigió sus primeras palabras : “¿ Qué ocurre cuando te pones una escafandra y observas bajo el agua ?”. Aún impactado por el asombro, no pude articular una respuesta. Al ver mi cara con la boca abierta, volvió a reír : “Jo, jo, jo”. Después me dirigió sus últimas palabras: “ Eso es lo que ocurre con tus ojos. Siempre he estado en esta casa. Ahora habito en tu perro. Y quizás en el futuro, y sólo muy eventualmente, me vuelvas a ver en esta fecha ”. Luego de estas palabras, soltó la última carcajada y se fue por la puerta del patio.
Seguí perplejo por unos segundos más, hasta que reaccioné y corrí hasta la puerta del patio, pero no se divisaba a nadie. El patio estaba tranquilo y la noche en silencio. Entonces recorrí con la mirada cada rincón del patio y constaté que todo estaba en completa normalidad. En ese momento, solté la respiración y mi vista quedó clavada en mi perro que yacía durmiendo al fondo del patio.
Hasta ese momento, podría haber pensado que todo había sido un sueño o una alucinación producto del cansancio, sino hubiera sido por una risita chillona y burlona que provenía del perro.
Existe una leyenda muy antigua, traída por los inmigrantes europeos a este país, y que dice : “Existe sólo un día en el año que es propicio. Y ese día debes encontrarte agraciado con mucha fortuna. Si se cumplen en ti estas dos condiciones, entonces quizás, y sólo quizás, es posible que puedas ver un duende”.

Comentarios