Cuando observo aquella flor en el macetero de mi ventana encogerse día a día para volverse semilla, pienso que a pesar de que ha transcurrido un mes de lo sucedido, aún no nos acostumbramos a la idea de admitir que todo ha cambiado. Si recién ocurrió el mes que viene y aún estamos esperando que todo vuelva a la normalidad. Sólo sabemos que algo le ocurrió a la Tierra. Los relojes con manillas comenzaron a girar en sentido contrario y los relojes digitales parecían indicar la cuenta regresiva del fin del mundo. Quizás sea por el hecho de que nunca sabremos qué fue lo que hizo que la Tierra comenzara a girar en forma distinta y el Tiempo empezara a retroceder, que nos comportamos de esta manera, como no queriendo aceptar que nada volverá a ser como antes.
Nos es difícil acostumbrarnos a que el mañana es ayer y el ayer es nuestro mañana. Cuando los libros decían : “lo que será, ya fue”, hacían una metáfora refiriendose a lo cíclico de la vida (los hechos se van repitiendo en tiempos distintos). Ahora ya no es una metáfora. Lo cierto es que vivimos sin futuro y eso, según la tradición y la costumbre, no es bueno y, entonces, nos apenamos.
Hasta mañana pensaba que todo esto era muy trágico, pero hoy veo las cosas de otra manera. Quizás esta situación no sea del todo mala. Quizás podamos alcanzar la felicidad a pesar de todo. Hice el intento de imaginar lo que vendrá y, entonces, me llené de optimismo al pensar que volverá a juntarse lo que estaba separado; volverá a edificarse lo que fue destruido; volverá a vivir lo que estaba muerto; volveremos a recordar lo que habíamos olvidado; y volveremos a recuperar lo que habíamos perdido. Esta añoranza que, en ocasiones, nos provocaba frustración y una amarga nostalgia por el tiempo pasado, se transformaría en una alegre y anhelada espera sin la acostumbrada incertidumbre por lo que vendrá.
Pienso que este es el primer paso para resignarnos a aceptar los hechos : nuestra vida ha cambiado. Y no es ni malo ni bueno. Tan sólo es eso : ha cambiado. Tendremos que adaptarnos a estos cambios, como ocurrirá millones de años en el pasado y, de esta manera, seguir demostrando que somos seres nacidos para habitar este mundo y que pertenecemos a él.
Mantener vivo el espíritu del desafío primario de la existencia humana nos hace elevar nuestro ego. Sólo hay una cosa que me apena al pensar : ayer será el día que esperé no volver a vivir nunca más en mi vida.

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