En una ocasión mi padre me dijo: “No quiero llegar a viejo para no tener que usar bastón”, a lo que yo contesté: “Lo malo no es usar el bastón, sino cómo se usa ese bastón”. Pues un bastón puede ser usado lastimosamente para sostenerse en la vergüenza de la vejez al caminar, o bien lucirse con orgullo altanero ante la soberbia sabiduría de los años. Dicen que los hombres con canas se ven interesantes, y yo agregaría que lo son aún más si portan con orgullo un bastón.
Por ende, un bastón te hará sentir bien o mal, según el uso que le des. Si lo usas como una muleta, te hará ver inválido, pero si lo usas como un accesorio de elegancia, te hará ver más seguro. No hay que olvidar que los antiguos directores musicales del período barroco usaban un hermoso bastón labrado para marcar el ritmo de la música.
Por otro lado, los bastones pueden ser confeccionados con distintos materiales. Están los bastones de aluminio usados como muletas; bastones hechos de metal pesado y que son usados como chuzos; y los hechos de madera que son los que a mí me encantan. Creo que mi padre se quedó con la imagen de la muleta. Sin embargo, yo le cuento sobre hermosos bastones de madera bellamente labrados con cabezas de dragón o león e incrustaciones de piedras preciosas y brillantes.
Además, un bastón podría esconder cosas valiosas en su interior: un paraguas, una daga, un revólver o un dispositivo USB.
Personalmente, me gustaría lucir un bastón de cristal que emitiera una luz brillante en su interior, para que nadie note la ausencia del dedo meñique de mi mano derecha.

Comentarios