Había una vez...
No, no fue una vez. Fueron cinco veces. Cinco historias que él me contó. Cinco cuentos que él me inventó.
Las primeras dos veces, me dijo que yo era una niña con una caperuza roja, que visitaba a su abuela, y él era un lobo. Me dijo que yo ya conocía cómo terminaba esa historia. La tercera vez, me dio de comer una manzana que me dejó dormida. La cuarta vez, me pinchó y caí en un sueño profundo. Pero la quinta vez fue distinta.
La quinta vez la Bella Durmiente despertó y descubrió lo que estaba pasando. Descubrió lo que había tras cada uno de aquellos cuentos. En dos ocasiones, se hizo pasar por un lobo para abusar de mi. La tercera vez, me dio somníferos dentro de una manzana, que me dio a comer, para luego volver a abusar de mi. Y, la cuarta vez, me inyectó un alucinógeno para volver a hacer lo mismo, una y otra vez. Pero, la quinta vez, la historia cambió. El cuento cambió.
La ira comenzó a encender en mi interior, al comprender lo que aquel animal había hecho conmigo. La ira ardía en mi, tanto que estiré los dedos de mi mano, con tanta fuerza, se mis uñas se extendieron más de lo normal, y comencé a arañarlo. Lo arañé, lo arañé y lo arañé, una y otra vez. Lo arañé hasta que mis brazos se cansaron y no pude continuar. Entonces, y sólo entonces, dejé de arañarlo.
La quinta vez fue distinta. La historia cambió. El cuento cambió. Ahora somos La Bella y La Bestia.
No, no fue una vez. Fueron cinco veces. Cinco historias que él me contó. Cinco cuentos que él me inventó.
Las primeras dos veces, me dijo que yo era una niña con una caperuza roja, que visitaba a su abuela, y él era un lobo. Me dijo que yo ya conocía cómo terminaba esa historia. La tercera vez, me dio de comer una manzana que me dejó dormida. La cuarta vez, me pinchó y caí en un sueño profundo. Pero la quinta vez fue distinta.
La quinta vez la Bella Durmiente despertó y descubrió lo que estaba pasando. Descubrió lo que había tras cada uno de aquellos cuentos. En dos ocasiones, se hizo pasar por un lobo para abusar de mi. La tercera vez, me dio somníferos dentro de una manzana, que me dio a comer, para luego volver a abusar de mi. Y, la cuarta vez, me inyectó un alucinógeno para volver a hacer lo mismo, una y otra vez. Pero, la quinta vez, la historia cambió. El cuento cambió.
La ira comenzó a encender en mi interior, al comprender lo que aquel animal había hecho conmigo. La ira ardía en mi, tanto que estiré los dedos de mi mano, con tanta fuerza, se mis uñas se extendieron más de lo normal, y comencé a arañarlo. Lo arañé, lo arañé y lo arañé, una y otra vez. Lo arañé hasta que mis brazos se cansaron y no pude continuar. Entonces, y sólo entonces, dejé de arañarlo.
La quinta vez fue distinta. La historia cambió. El cuento cambió. Ahora somos La Bella y La Bestia.

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