Octavio observa con asco el interior de la olla, mientras sostiene en alto la tapa con su mano derecha. Una situación incómoda para él. Tan molesta e incómoda como lo que es: una decisión postergada...
- ¡Nunca comeré de esta porquería!
... y que continuará así de postergada.
Es otro día insoportablemente gris para Octavio. Todo es gris.
El cielo gris.
El suelo gris.
Las paredes grises.
Los muebles grises.
La casa gris.
Sus ropas son grises.
Su vida es gris.
Un color que le incomoda, pero es el que eligió para pintar su vida.
Todo el gris que le rodea le incomoda, menos una cosa. La chimenea es lo único que no se ve desagradable en casa de Octavio, pues es gris como casi todas las chimeneas que existen. Así que no es la chimenea lo que le molesta, sino las fotografías sobre ella. Fotos de su novia (ex-novia), en blanco y negro, y en marcos grises. Una foto de ella gritando. Otra foto de ella llorando y una tercera fotografía en que aparece enojada. Son los grises recuerdos que conserva de ella.
No es justo que él se quede sólo en esa casa gris. No es justo que él se quede con todo lo gris. Fue ella la que no quiso cambiar nunca. No es justo.
La voluntad lo envuelve, nuevamente, y Octavio toma una nueva decisión: Va a ir a enfrentar a su novia (ex-novia) para decirle lo injusto que es todo para él. Entonces, se pone de pie ante la mesa gris, coloca sus puños sobre ella, y dice...
- ¡A la mierda!
... y se dirige a la puerta gris de su casa gris. Toma su abrigo gris y, mientras se lo coloca, cierra la puerta tras de sí. Ella vive en la casa de enfrente, cruzando la calle.
Al dejar su mundo gris, y cruzar la calle, todo cambia. Todo está lleno de colores. Se oye el trinar de los pájaros y hasta el sol parece estar en un perpetuo amanecer sobre un cielo celeste y sin nubes.
Toca a la puerta dos veces con los nudillos y, tras abrirse, aparece la novia (ex-novia) de Octavio. Ella es resplandeciente. Emite luces de colores y su rostro muestra una sonrisa radiante.
- Hola Alba
- Hola Octavio
- Quiero decirte algo
- Dime. Te escucho
- Todo esto es injusto
- Sí, es injusto
- No, no lo entiendes. Es injusto para mi
- Sí, es injusto para ti
- No, no lo entiendes ¿No te das cuenta que todo esto es por tu culpa? ¿Que todo esto es porque no quisiste cambiar?
- Lo siento mucho
- No, no puedes sentirlo ¿Qué sabes tú lo que es vivir una vida gris? Sólo sabes sonreír y estar feliz. No es justo
- Sí, no es justo
- Sólo quería decirte eso. Adiós, Alba
- Adiós, Octavio. Que tengas un hermoso día
En ese momento, Octavio volvió a recordar lo furioso que lo ponía ella y su forma de ser. Así es que dijo...
- ¡A la mierda!
... y dió media vuelta y se dirigió de vuelta a su vida gris.
Cruzó la calle gris y
abrió su portón gris.
Cruzó su jardín gris.
Abrió su puerta gris y
entró en su casa gris.
Miró durante un momento largo la olla antes de destaparla, nuevamente. Siempre es una situación incómoda para Octavio. Asoma su cabeza gris y mira con asco el contenido y dice...
- No me comeré mi orgullo. Jamás comeré esta porquería.
- ¡Nunca comeré de esta porquería!
... y que continuará así de postergada.
Es otro día insoportablemente gris para Octavio. Todo es gris.
El cielo gris.
El suelo gris.
Las paredes grises.
Los muebles grises.
La casa gris.
Sus ropas son grises.
Su vida es gris.
Un color que le incomoda, pero es el que eligió para pintar su vida.
Todo el gris que le rodea le incomoda, menos una cosa. La chimenea es lo único que no se ve desagradable en casa de Octavio, pues es gris como casi todas las chimeneas que existen. Así que no es la chimenea lo que le molesta, sino las fotografías sobre ella. Fotos de su novia (ex-novia), en blanco y negro, y en marcos grises. Una foto de ella gritando. Otra foto de ella llorando y una tercera fotografía en que aparece enojada. Son los grises recuerdos que conserva de ella.
No es justo que él se quede sólo en esa casa gris. No es justo que él se quede con todo lo gris. Fue ella la que no quiso cambiar nunca. No es justo.
La voluntad lo envuelve, nuevamente, y Octavio toma una nueva decisión: Va a ir a enfrentar a su novia (ex-novia) para decirle lo injusto que es todo para él. Entonces, se pone de pie ante la mesa gris, coloca sus puños sobre ella, y dice...
- ¡A la mierda!
... y se dirige a la puerta gris de su casa gris. Toma su abrigo gris y, mientras se lo coloca, cierra la puerta tras de sí. Ella vive en la casa de enfrente, cruzando la calle.
Al dejar su mundo gris, y cruzar la calle, todo cambia. Todo está lleno de colores. Se oye el trinar de los pájaros y hasta el sol parece estar en un perpetuo amanecer sobre un cielo celeste y sin nubes.
Toca a la puerta dos veces con los nudillos y, tras abrirse, aparece la novia (ex-novia) de Octavio. Ella es resplandeciente. Emite luces de colores y su rostro muestra una sonrisa radiante.
- Hola Alba
- Hola Octavio
- Quiero decirte algo
- Dime. Te escucho
- Todo esto es injusto
- Sí, es injusto
- No, no lo entiendes. Es injusto para mi
- Sí, es injusto para ti
- No, no lo entiendes ¿No te das cuenta que todo esto es por tu culpa? ¿Que todo esto es porque no quisiste cambiar?
- Lo siento mucho
- No, no puedes sentirlo ¿Qué sabes tú lo que es vivir una vida gris? Sólo sabes sonreír y estar feliz. No es justo
- Sí, no es justo
- Sólo quería decirte eso. Adiós, Alba
- Adiós, Octavio. Que tengas un hermoso día
En ese momento, Octavio volvió a recordar lo furioso que lo ponía ella y su forma de ser. Así es que dijo...
- ¡A la mierda!
... y dió media vuelta y se dirigió de vuelta a su vida gris.
Cruzó la calle gris y
abrió su portón gris.
Cruzó su jardín gris.
Abrió su puerta gris y
entró en su casa gris.
Miró durante un momento largo la olla antes de destaparla, nuevamente. Siempre es una situación incómoda para Octavio. Asoma su cabeza gris y mira con asco el contenido y dice...
- No me comeré mi orgullo. Jamás comeré esta porquería.

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