Cuando me di cuenta, ya era tarde.
Al despertar vi el libro de cocina sobre el velador. Me recostó sobre una cama de teflón. Cubrió mi cuerpo con refrescantes rodajas de pepino y hojas de lechuga. Rebanadas de pimentón y granos de choclo aportaban el color.
Sonreí al verla pasear su lengua por sus labios. Aquella noche fui su mejor receta.

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