A David Bowie
Apareció entre nosotros y no lo vimos llegar.
Ahora ya no está con nosotros y no lo vimos partir.
Tenía un ojo que miraba la Luz y otro la Oscuridad. Tuve la oportunidad de oír su historia de sus propios labios, pero no me hablaba a mi. Fuímos millones de orejas que escuchamos su historia (al igual que a un profeta). Lo cierto, es que no era de este mundo y, el oirlo narrar sus historias, era asomarse a mundos distintos y distantes.
Al referirse sobre su infancia, nos contó que olvidó lo que dijo su padre, su madre y su hermano... y que tenía siete días para vivir (o siete formas de morir, que para él era lo mismo). Como no entendimos bien sobre lo que nos contó sobre su infancia, intentamos preguntarle de dónde venía. Nos dijo que venía de las estrellas (de una estrella negra) y que, a través del universo, las palabras están fluyendo hacia fuera, como la lluvia sin fin en una taza de papel. Nos hizo una confesión, y nos dijo: “Yo oí el rumor, que controla la tierra”, y, por esa razón, descendió a nuestro mundo. Nos contó que, una vez que pisó este mundo, estuvo frente a frente con el hombre que vendió al mundo; y que, mientras descendía, vio flotar al Mayor Tom.
Una vez que sació nuestros oídos y nuestras inquietudes, nos regaló dos grandes mensajes. Una frase que sirviera de guía: “Podemos ser héroes, sólo por un día”. Y una frase de despedida: “Ya son las 5:15... y debo partir”.

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